
@ringsider2020
Tras las peleas preliminares esta noche en el Tottenham Hotspur Stadium de Londres, en una velada promovida por The Ring y retransmitida globalmente por Netflix, de las que ESPABOX ya ofreció a sus lectores la puntual crónica, llegaba el turno de la contienda principal, el esperadísimo retorno del Gypsy King tras la enésima retirada del excampeón del peso pesado.
Así, Tyson Fury (35-2-1, 24 KO) regresaba tras más de un año de inactividad y sus derrotas frente a Oleksandr Usyk. Retornaba contra el ruso Arslanbek Makhmudov (21-3, 19 KO), oponente que cumplió con lo esperado en el guion previo del envite. Este inició el pleito con mucho brío, buscando finiquitar a un Fury al que la inactividad podría haberle oxidado sus buenos movimientos para tan gran tamaño. Sin embargo, Makhmudov es un púgil limitado que no pudo poner en serios apuros al británico, que eludía los golpes con relativa facilidad y podía responder eficazmente para irse apuntando los rounds a ojos de los jueces.
La resistencia de Makhmudov se fue apagando mientras Fury se afianzaba con cada capítulo de los doce pactados, siendo el local poco a poco más superior contra un contrincante que se agarraba más y más con el paso del tiempo. El árbitro, al que la comisión británica volvió a entregar un gran duelo tras su ridículo en el Wilder-Chisora de hace siete días, permanecía impasible a esta fiesta del abrazo: Mark Bates aprovechó el incomprensible indulto de la British Boxing Board of Control para hacer de las suyas, permitiendo desde la distancia irregularidades variadas.
En los parciales definitivos, pues la refriega se pactó a doce excesivas partes, Fury podría haber noqueado a Makhmudov de haberlo necesitado, pero se limitó a dominar a un rival muy venido a menos físicamente y con cada vez menos propuestas ofensivas, que en ocasiones pareció estar a punto de claudicar. Los jueces, tras acabar el tiempo reglamentado y abrazarse con deportividad ambos deportistas, dictaminaron puntuaciones unánimes para Fury de 119-109 y doble 120-108, anunciadas por un cada vez más exigido Michael Buffer (81 años, nada menos), al límite de sus cuerdas vocales y pulmones.
Tras este buen triunfo de vuelta, Fury y Turki Alalshikh, el benefactor boxístico saudí, pidieron a Anthony Joshua subir al ensogado, sin éxito. Este último, con poco retorno ante lo que le requerían desde el cuadrilátero, por fin fin cogió el micrófono, fue ambiguo y se hizo de rogar para dejar las puertas abiertas a un duelo que llevan esperando una década los aficionados británicos y mundiales; llegará muy tarde, seguro, pero todos la veremos.





