
Redacción ESPABOX
La segunda ley de la termodinámica se impuso en el O2 Arena de Londres (Reino Unido). Deontay Wilder y Derek Chisora demostraron que la entropía también puede ser bella, y que esta siempre tiende a aumentarse. La prueba empírica fue el trascurso de doce asaltos donde el desorden no privó a los 20.000 espectadores de volcarse con un combate atípico. Quien le iba a decir a Chisora cuando llegó al Reino Unido procedente de Zimbabue con 16 años, que el respetable británico lo llevaría en volandas como si fuese el mismísimo Henry Cooper. «Del Boy» salió al ring al ritmo del «Hotel California» de The Eagles, canción que anticipaba lo que podía ocurrir: «This could be heaven or this could be hell» (Esto podría ser el cielo o podría ser el infierno).
La fiesta de Chisora era la noche que más necesitaba Wilder. Sus problemas familiares derivados del divorcio han provocado una catarsis, marcada por la religión, en el último pesado estadounidense que ha sido capaz de llamar la atención de sus compatriotas. Como si sus derrotas ante Joseph Parker y Zhilei Zhang fuesen un mal recuerdo lejano, el de Alabama actuó como un alumno aplicado e intentó poner esmero a la hora de dibujar la trayectoria de sus golpes. Un planteamiento que no entraba en el de Chisora, que braceó como un nadador con la potencia de un ferrocarril.
El tercer hombre sobre el ring no escapó a la entropía. Mark Bates tuvo una actuación plagada de descuidos, como el que ocurrió en los últimos segundos del primer asalto, cuando un miembro de la esquina de Chisora saltó al ring, después de un clinch interminable. El ruido de la muchedumbre lo hubiese percibido hasta Francisco de Goya en «la Quinta del Sordo», donde pintó en 1819 el cuadro «Duelo a garrotazos», un avance sin Inteligencia Artificial del combate entre Wilder y Chisora.
El excampeón mundial rejuveneció y ganó algo de velocidad, lo cual no inquietó en absoluto al local, cuyo peligro se dispara conforme retrocede al estar sentido. A Wilder se le olvidó el manual de técnica que quiso desplegar para delirio del público. «Golpe va, golpe viene, los muchachos se entretienen», decía el fallecido locutor deportivo Héctor del Mar, solo que en esta ocasión no se trataba de lucha libre, a pesar de los innumerables agarrones.
Tyson Fury sigue en la cabeza de Deontay Wilder. Por eso, «El Bombardero de Bronce» estudió los huecos que Fury encontró en el granítico púgil de origen africano. Pero Wilder cayó en la vieja trampa de Chisora, que afloja las piernas como anticipo a una mano desordenada. La primera caída registrada del inglés aconteció en el octavo round, y nuevamente, la conjunción entre la esquina local y el árbitro entró en acción. Desde el rincón de Chisora contribuyeron a que este se pusiese en pie.
Sin más explicación, Mark Bates le dedujo un punto a Deontay Wilder. Si otro boxeador se hubiese enredado en las cuerdas las veces que Derek Chisora hubiese recibido una sonora pitada, pero hasta para eso hay que tener gracia. Un salero del que se impregnó el estadounidense, que terminó la pelea entre carcajadas, resbalón incluido.
Los protagonistas de los garrotazos a orillas del Tamesis están lejos de la pureza y el nivel de Oleksandr Usyk, pero regalaron un viaje en el tiempo a los atónitos espectadores, que se levantaron de los asientos y se agolparon alrededor del cuadrilátero como antaño. El DJ también tuvo su momento de gloria al reproducir «Forever young» en honor de dos deportistas que superan la cuarentena. Los jueces no pudieron empañar el ambiente, aunque la diferencia en las puntuaciones volvió a ser marca de la casa. Dos cartulinas (115-111 y 115-113) entregaron la victoria a Deontay Wilder, mientras que la restante fue para Derek Chisora (112-115).

«Es un guerrero, no se juega al boxeo. Mucha gente me daba por perdido. Lo habéis visto, lo que es la pegada y la gloria. Le doy las gracias a Dios. Hoy me lo pasé bien. Soy un rey, y lo demostré. Me he recuperado, y mejoraré. Sabía lo que haría Derek Chisora. En el ring se han perdido vidas, y quise tratar bien a Derek», dijo Deontay Wilder tras la pelea. Con esta victoria, el excampeón tiene garantizado otro duelo de perfil alto. El estadounidense que hasta hace poco hablaba de matar a rivales se ha convertido en un tipo entrañable que terminó hablando con una de las hijas pequeñas de su rival, al que invitó a «Sweet home Alabama».
Chisora estaba entre continuar el combate, protestar por el arbitraje o celebrar su 50ª pelea, todo menos confirmar su retirada. «Fue una pelea igualada. Me ha empujado dos veces fuera de las cuerdas», declaró el británico. «Del Boy» no se fue de vacío: le entregaron un cinturón con el logo de una franquicia de comida rápida, que probablemente tenga más valor que algunos intermedios que pululan por el noble arte.
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