
Redacción ESPABOX
Con las Pirámides de Giza al fondo, unos señores se dan codazos por conseguir que el campeón del mundo del peso pesado se fotografíe con los ornamentados trozos de hojalata que llevan bajo el brazo. Con muchos más problemas de los previstos, Oleksandr Usyk acababa de imponerse a un kickboxer que realizaba su segundo combate como boxeador profesional, Rico Verhoeven, en una velada organizada por Turki Alalshikh. El WBC autorizó al neerlandés como aspirante, a pesar de que no estaba en el ranking mundial. Al cosaco que afila sus armas en la costa valenciana comenzaron a lloverle los cinturones, pero en el nuevo petroboxeo, el de la revista The Ring vuelve a ser el más vistoso. Por si fuera poco, para la ocasión se diseñó un fajín especial del WBC, y otro con la inscripción de Undisputed (campeón indiscutido). Sin embargo, Oleksandr Usyk ya no era en ese momento el dueño de los cuatro cinturones del pesado. Las presiones de los organismos solo funcionaron en el caso de la WBO, que no estimó las lesiones del ucraniano, lo cual permitió a Fabio Wardley ser campeón testimonial, después de ser coronado mediante un correo electrónico.
Dos meses después de la velada egipcia, Oleksandr Usyk renunció, cómo no, a través de un vídeo en las redes sociales, que abandonaba las coronas WBC, WBA e IBF, al mismo tiempo que anunció que su carrera profesional todavía se extenderá varios combates más. Concluido el período estival, todos los organismos tienen nuevos monarcas, lo cual debería haber supuesto una revolución que diese paso a una nueva era, pero la rapidez de las entidades enjutadas de siglas ha hecho el efecto contrario.
La maquinaria mediática del boxeo funciona sobre la construcción de una nueva figura que derrota al hasta entonces campeón. Ese podía haber sido el caso de Agit Kabayel, quien ha superado hasta la fecha todas las pruebas a las que ha sido sometido. Elevado a campeón con otro correo electrónico, el alemán de origen kurdo estrenará su condición ante un discreto aspirante como Nelson Hysa. El peligro que entrañaba Kabayel y su limitada popularidad fuera de Alemania disuadieron a un Usyk que legítimamente prioriza rentabilizar su glorioso pasado.
Los sucesores de Usyk no llenan el hueco
El Reino Unido debía ser el país más beneficiado por la renuncia voluntaria de la némesis de los boxeadores de las islas, y la maquinaria doméstica relevó a Fabio Wardley por Daniel Dubois como campeón de la WBO el pasado 17 de octubre. Los males del boxeo moderno, como los récords inflados y la selección milimétrica de oponentes, se cernieron sobre Moses Itauma el 29 de agosto. El hombre al que la prensa destinó a marcar una época perdió en el noveno round con Filip Hrgovic. El primer campeón croata de la historia protagonizó una actuación digna de un guion de Sylvester Stallone en el mejor combate deparado por la vacante de Usyk. A diferencia de otros boxeadores más talentosos que él, el de Zagreb supo aguardar su oportunidad en los despachos de la IBF.
Como no podía ser de otra forma, si Hrgovic fue la cara, la WBA (Worst Boxing Association) fue la cruz. Por sus alianzas con la IBA, el cinturón del organismo que preside «Gilbertico» Mendoza fue a parar a Moscú. El local Murat Gassiev (quien previamente tenía la consideración de campeón regular) se impuso al alemán Peter Kadiru, un boxeador que no reunía los méritos para aspirar a un premio (un cuarto de él) tan histórico como un título del peso pesado. Quien menos culpa tiene de la situación es el propio Gassiev, que hizo los deberes y se anotó el triunfo para posteriormente confesar que no sabía si era realmente el campeón o no. La sombra de la creación artificial de un cinturón superior que permitiese a la WBA no quedarse al margen del negocio del Tyson Fury vs. Anthony Joshua inquietó al ruso, al que ahora le ha salido el pretendiente que busca desde hace tiempo el propio Usyk, Deontay Wilder.
Y ahora, ¿quién es el campeón mundial del peso pesado?
La victoria es el culmen de cualquier deporte, y en todos ellos se puede responder sin titubear quién es el campeón. España bordó su segunda estrella sin que ninguna otra selección pueda presumir durante los próximos cuatro años de ser campeona mundial de fútbol. El boxeo ha ido un paso más allá y su cada vez más enrevesado sistema prioriza al poderoso caballero por encima de los méritos deportivos. La lógica dicta que Oleksandr Usyk debería medirse a un aspirante imbatido con el que todavía no se ha enfrentado como Agit Kabayel, pero el dinero pasa por una pelea que llega con varios años de retraso como el Tyson Fury vs. Anthony Joshua.
A lo largo de la venerada historia del boxeo, ha habido campeones extremadamente populares como Rocky Marciano o Muhammad Ali, repudiados como Sonny Liston, transitorios como Jersey Joe Walcott, escandalosos como Jack Johnson, o por contra discretos como Floyd Patterson. Pero en cada momento, a la pregunta de quién era el campeón mundial de los pesos pesados, siempre hubo una respuesta. Antes que ningún otro deporte, el noble arte gozó de carácter universal (la ahora llamada globalización), y el campeón del peso pesado era la figura deportiva que aparecía en los periódicos de todo el mundo.
Está claro que la división de la corona en cuatro partes ha sido altamente nociva para el boxeo y los boxeadores, y también para los aficionados, que con semejante marasmo han perdido el hilo conductor. Desde que John L. Sullivan fuese el primero bajo las reglas del Marqués de Queensberry en 1885, solo 36 hombres tienen la distinción de haber ostentado la condición de campeón lineal del peso pesado, la categoría por excelencia del boxeo. El concepto de campeón lineal es abstracto y no se plasma en un cinturón, aunque el de la revista The Ring se proclame con ese propósito, pero sirve para trazar una continuidad desde Sullivan hasta el presente. El distintivo creado por Nat Fleischer en 1922 es todavía más restrictivo, y solo ha habido 30 reinados con 26 campeones en más de un siglo (con una breve suspensión editorial que afectó a Mike Tyson a finales de los años ochenta). Vitali Klitschko es el único campeón de la revista que no fue considerado rey lineal.
Cinco de los campeones lineales consiguieron tener dos etapas como campeones, y solo Muhammad Ali fue reconocido tres veces como campeón lineal. Oleksandr Usyk fue el primero en poseer al mismo tiempo los cuatro títulos, lo cual no es más que un síntoma de la degradación institucional al concretarse la era de los cuatro organismos en 2004. Una prerrogativa a la que no tuvo acceso Joe Louis y su récord de defensas, pero que a nadie le importó porque «El Bombardero de Detroit» fue admirado como rey incuestionable del peso pesado durante más de una década.
La anomalía de Oleksandr Usyk
La ley del ring alcanzó a 36 de los 45 campeones en la historia del boxeo, que cedieron su cetro a un nuevo rey sobre el cuadrilátero. De los nueve casos restantes, el más conocido es el de Muhammad Ali en 1967, cuando vio interrumpida su carrera deportiva al negarse a ser reclutado para la Guerra de Vietnam. Para paliar la ausencia del de Louisville, la WBA organizó un torneo en lugar de enviar su cinturón por correo postal, en el que no participó Joe Frazier, que fue reconocido por la NYSAC meses después. Seis reinados concluyeron con la retirada del campeón, incluido el del propio Ali cuando anunció su breve adiós al boxeo tras desquitarse frente a Leon Spinks. El más caótico fue el penúltimo, el de Tyson Fury, quien, tras acabar con la hegemonía de Wladimir Klitschko, colgó los guantes durante unas horas y estuvo sin boxear casi dos años, con graves problemas personales y un positivo por dopaje de por medio. «The Gypsy King» perdió su condición por parte de la revista The Ring en 2018, el único boxeador a excepción de Muhammad Ali en 1970 (Fleischer se resistió a despojar al «desertor»), que dejó de ser campeón de la publicación por un motivo que no fuese una derrota o una retirada. Fury cedió el testigo a Usyk el 18 de mayo de 2024 en Riad.
Si Oleksandr Usyk pasó a la historia como el primer campeón de la era de los cuatro cinturones por designio del calendario, la devaluación absoluta de los títulos cristaliza en la singularidad de que su carrera continúa sin ser ya el campeón de ninguna entidad. El caché del ucraniano no se resiente para las televisiones por no ostentar un cinturón, y podrá elegir sin ataduras sus próximos rivales en cómodos plazos. Kabayel, Gassiev, Dubois y Hrgovic conviven en el peso pesado con un púgil que ya es una leyenda, y que sigue en activo sin conceder importancia a la hojalata. No es descartable que si las empresas disfrazadas de organismos estiman que el ucraniano les dará más beneficios, Usyk vuelva a disputar algunos de sus cinturones. De momento, la WBO lo mantiene como el primer clasificado. Algo impensable cuando Joe Louis chocó con el tiempo en su búsqueda de un segundo reinado que mejorase su situación económica. Tampoco completó la hazaña James J. Jeffries al volver al ring presionado para finiquitar el dominio de Jack Johnson. Jack Dempsey fue más honesto después de perder por segunda vez con Gene Tunney y se limitó a realizar exhibiciones, las cuales devenían en salvajes combates. The Ring mantiene como campeón a Oleksandr Usyk, que por norma general desposee a aquellos que no se enfrenten a la élite de su peso durante dos años.
En 1992, Riddick Bowe renunció al cinturón WBC porque no estaba dispuesto a boxear con Lennox Lewis. El de Brooklyn arrojó el fajín verde y oro a un contenedor de basura, donde mandó a Lewis a buscarlo. Tres décadas y media después, el noble arte corre el riesgo de que sean los aficionados quienes imiten a Bowe, como demuestra la limitada audiencia a nivel mundial de los recientes combates por los diversos títulos del peso pesado, que contrastan con los buenos números de un deporte que ha sabido resistir gracias a la actividad en otros pesos.
Para mantenerse informado sobre los actuales campeones europeos y mundiales con sus próximos compromisos, recomendamos consultar la Agenda Espabox y el Cuadro de Campeones, donde se encuentra toda la información relativa a la actividad de los campeones.





