@ringsider2020
Foto: The Ring

Mala noche para el boxeo la de este sábado 23 de mayo, dado lo acontecido junto a las pirámides de Guiza en Egipto y promovido dentro del actual circuito de grandes veladas respaldadas por inversión saudí y la revista The Ring.

Tras las anomalías ya reseñadas en la crónica de la primera parte de la velada, con un falso título mundial que enfrentaba a aficionados y analistas en redes sobre su legitimidad y la constatación de un mundial de auténtico bochorno dada la poca calidad de uno de sus coaspirantes, llegábamos a la pelea de fondo de la noche. Habíamos resumido en la previa las vicisitudes de los títulos mundiales que aún posee Oleksandr Usyk (25-0, 16 KO), que subía al ring a fajarse ante Rico Verhoeven (1-0, 1 KO), campeón de kickboxing y figura consolidada en los deportes de contacto, aunque sin experiencia en el boxeo más allá de una contienda profesional hace nada menos que doce años.

Se temían muchos aficionados que fuera un choque aburrido, tranquilo para el ucraniano, tomado a modo de sparring con un oponente que tratase simplemente de sobrevivir. Pero nada más lejos de la realidad, pues Verhoeven salió belicoso a tratar de incomodar al campeón. Con un físico de culturista y una resistencia que nadie imaginaba, el neerlandés quiso atropellar a Usyk con mucho volumen de golpeo y la masa de sus kilos en los agarres, algo que en buena medida consiguió; el ucraniano no se sentía cómodo y la reacción esperaba se dilataba, se dilataba, se dilataba…hasta que nos dábamos cuenta de que pasaba ya el ecuador del pleito y la situación era complicada. Usyk parecía sin ideas, con poca continuidad en el ataque y, preveíamos, por debajo en las cartulinas.

Ahí llegó el milagro. Como si todo hubiera sido orquestado, un golpe salvador vino al rescate de Usyk para derribar, junto a una de las esquinas del cuadrilátero, a Verhoeven. La ráfaga de golpes que siguió fue suficiente para que el árbitro, a alimón con la señal del fin del undécimo round, decretase el final de las acciones. Parada polémica, sin duda. Algunos dirán que el centroeuropeo ya estaba muy dañado y la campana no te salva; otros, que hay que dejar que el púgil y su esquina evalúen la situación, quedando solo un asalto. Sea como fuere, parecía que el desenlace habría sido similar en ese momento o al inicio del último capítulo, gracias al instinto ganador de Usyk. Pese a ello, el susto ahí estuvo.

Las cartulinas eran de doble 95-95 y 96-94 para Verhoeven en el momento de la detención, pero, más allá de todo eso, Usyk evitó el lío en el que él se había metido, con la complicidad de los organizadores de la velada. Una persona sin experiencia más allá de una lejana aparición había puesto en jaque al campeón mundial unificado del peso pesado. Inquietante, cuando menos. A ver qué ocurre con el ucraniano a corto plazo, pues no parecía muy convencido de medirse a Agit Kabayel, que debería ser su próximo aspirante oficial. Tendrá tiempo de pensarlo, tras digerir el momento complicado de hoy.