
Darío Pérez
@ringsider2020
Ha vuelto a pasar: La WBO ha proclamado campeón mundial del peso medio a Denzel Bentley sin necesidad de subir al ring. El organismo ha decidido ascender al británico, hasta ahora campeón interino, después de que Zhanibek Alimkhanuly abandonara definitivamente el cinturón tras los problemas derivados de sus positivos por dopaje y su salto al peso supermedio.
La decisión pone fin, al menos sobre el papel, a un largo episodio que la propia WBO gestionó con enorme lentitud. Mientras la IBF retiró hace meses el título mundial a Alimkhanuly tras confirmarse el positivo, el organismo presidido por Gustavo Olivieri optó por mantener al kazajo como campeón durante todo este tiempo, pese a que la situación deportiva y disciplinaria ya hacía muy complicado justificar su continuidad como monarca.
Ahora, una vez Alimkhanuly deja vacante el cinturón, la WBO ha recurrido a la vía más sencilla: convertir automáticamente en campeón a Bentley (22-3-1, 18 KO), quien ostentaba el título interino, obtenido en su última aparición ante un rival de poco prestigio global, como Endry Saavedra. El británico recibe así la mayor recompensa de su carrera sin necesidad de disputar un combate, pese a que hace apenas unos años ya tuvo su oportunidad mundialista precisamente frente a Alimkhanuly y fue derrotado con claridad a los puntos. Parece poco bagaje para el londinense de 31 años como para, de repente una mañana, levantarse como monarca mundial de la Organización.
Bentley no tiene culpa alguna de la decisión. El británico aceptó cada reto que le propuso la WBO y conquistó el cinturón interino conforme a las normas del organismo. Sin embargo, resulta difícil no cuestionar un sistema que permite convertirse en campeón mundial sin derrotar al campeón, sin disputar el título vacante y tras haber perdido anteriormente la única oportunidad que tuvo de conquistar ese mismo cinturón sobre el ring.
La decisión reabre, además, el eterno debate sobre la utilidad de los campeones interinos. Oficialmente nacieron para garantizar la actividad de las divisiones cuando un campeón no podía defender el título. En la práctica, los organismos, a excepción de la IBF los han multiplicado durante años, cobrando tasas adicionales y generando una enorme confusión entre los aficionados. Cuando llega una vacante como la actual, esos cinturones sirven para justificar un ascenso automático en lugar de organizar un combate entre los dos aspirantes mejor clasificados, una solución mucho más acorde con el espíritu deportivo de un campeonato mundial. En los últimos tiempos, nos vienen a la mente casos como el de David Jiménez (WBA) o Christian Mbilli (WBC), por citar solo dos de ellos que prueban que ser campeón desde tu ordenador al abrir el correo empieza a ser tan común como hacerlo entre las dieciséis cuerdas.
Frank Warren, promotor de Bentley y uno de los dirigentes históricamente con mejor relación con la WBO junto a su socio Bob Arum, ve así recompensada una estrategia basada en disputar títulos interinos y pagar las correspondientes tasas. Entretanto, el organismo evita organizar un combate por el cinturón vacante y vuelve a optar por la solución más cómoda desde el punto de vista administrativo. Un desenlace legal según su reglamento, pero difícil de defender para quienes entienden que un campeonato mundial debería conquistarse sobre el ring y no en un despacho.






