@ringsider2020

David «Medallita» Jiménez ya es campeón mundial supermosca de la WBA. No lo es porque derrotara al campeón, ni porque ganara un combate por el título vacante. Es campeón porque la WBA ha decidido ascenderle automáticamente desde su condición de interino tras la subida de Jesse «Bam» Rodríguez al peso gallo, certificada hace solo unas horas por su título en una tercera categoría.

Aquí es donde empieza el debate; nadie discute los méritos de Jiménez. El costarricense, que cuenta con 34, lleva años llamando a la puerta, fue un excelente amateur, perdió por decisión competitiva contra Artem Dalakian cuando intentó conquistar el mundial mosca y posteriormente ganó el cinturón interino supermosca. Deportivamente tenía argumentos para aspirar al título, con solo una derrota y batiendo a nombres importantes en los últimos tiempos en las dos divisiones. Lo que resulta cada vez más difícil de defender es el sistema y la elevación a campeón absoluto a un púgil que no lo era y lleva un año fuera del ring sin peleas además en el horizonte.

La WBA vuelve a demostrar que el cinturón «interino» es, en demasiadas ocasiones, una sala de espera para convertirse en campeón de despacho. Primero crea un campeón interino cuando ya existe un campeón mundial y está activo, sin necesidad alguna salvo el cobro de tasas, como sucedió en este caso hace dos años. Después, cuando el campeón se marcha o deja vacante el título, el interino asciende automáticamente. Y listo: nuevo campeón mundial.

La paradoja es evidente. Si Jiménez era realmente el mejor aspirante disponible, ¿por qué no organizar un combate por el título vacante? ¿Por qué no enfrentarle con el siguiente clasificado? ¿Por qué regalar directamente el cinturón? La respuesta probablemente sea la misma de siempre: es más fácil administrativamente. Y el problema es que el boxeo lleva años abusando de ese sistema, especialmente en los dos organismos que supuestamente deberían tener más solera y prestigio, la Asociación Mundial y el WBC. A veces hablamos en ESPABOX de las listas mundiales IBF, muchas veces construidas solo con fajas intermedias a la carta, pero hay que reconocer al organismo de Daryl Peoples el no tener ningún campeón interino, a costa de varios títulos vacantes en todo momento; parece mucho más justo ganar la faja en el tapiz que leerlo al abrir un correo electrónico.

El problema se agrava y viene de base, pues las actuaciones arbitrarias de algunos estamentos pugilísticos no son, ni mucho menos, un caso aislado. Hace apenas unos días, la propia WBA protagonizaba otro episodio surrealista con el título gallo, aclarando una situación confusa entre campeones, campeones en receso e interinos que ni muchos aficionados especializados lograban seguir.

Volviendo a Jiménez, lo positivo podemos verlo en clave emocional, pues Costa Rica celebra un momento histórico. Jiménez se convierte en el primer campeón mundial masculino absoluto para el país, algo enorme para el boxeo costarricense. La negativa es la que estamos debatiendo como analistas serios del deporte: otro cinturón mundial que cambia de dueño sin que nadie suba al ring. Y eso nunca debería ocurrir: los campeones deberían proclamarse con guantes, no con comunicados.