El WBC ha anunciado en las últimas horas la elevación de Christian Mbilli a campeón mundial absoluto del peso supermedio, tras ostentar el cinturón interino de la categoría. El organismo presidido por Mauricio Sulaimán ha tomado la decisión después de quedar vacante la corona plena, resolviendo así una situación que llevaba meses en el aire dentro de una de las divisiones más pobladas de talento del boxeo actual. Christian Mbilli (29-0-1, 24 KO) llevaba tiempo situado en la primera línea del ranking. El francés de origen camerunés se había proclamado campeón interino del WBC y era considerado uno de los aspirantes más temidos del peso, tanto por su potencia como por su presión constante y su ritmo alto. En ese contexto, su ascenso al estatus de campeón absoluto no sorprende desde el punto de vista deportivo, aunque sí vuelve a abrir el debate habitual sobre el uso de los títulos interinos y las elevaciones administrativas. Algunas voces señalan que, dado su frustrado duelo con Hamzah Sheeraz que propuso el Consejo Mundial, esto sea una manera de incentivar que alguien comparta ring pronto con Mbilli, situación no muy diferente a la ocurrida en la IBF con Osleys Iglesias.

El nuevo campeón ha construido su carrera con paso firme, acumulando victorias sólidas ante rivales de nivel medio y consolidándose como un boxeador incómodo para cualquiera de los grandes nombres del supermedio. Su progresión ha sido clara y sostenida, y pocos discuten que Mbilli merecía una oportunidad mundial. La cuestión, como tantas veces, no es el quién, sino el cómo. Además, su último empate frente a Léster Martínez, uno de los duelos del año en 2025, alimenta la sensación de que la revancha debería haber sido por el cetro vacante, sin el franco-camerunés ostentando el título.

La decisión del WBC implica que Mbilli se convierte en campeón del mundo sin haber disputado un combate directo por el cinturón absoluto, una práctica cada vez más habitual en el boxeo moderno. El organismo defiende este tipo de movimientos como una forma de evitar bloqueos prolongados de los títulos, pero al mismo tiempo alimenta la sensación de que existen demasiados campeones “de despacho”, una costumbre que ya convive con múltiples coronas y jerarquías confusas para el aficionado.

A partir de ahora, el foco se desplaza hacia el futuro inmediato del nuevo monarca. El WBC tendrá que ordenar una primera defensa del título que aporte legitimidad deportiva plena al reinado de Mbilli, preferiblemente ante un rival de élite. Nombres no faltan en la categoría, y una prueba exigente sería la mejor manera de disipar cualquier duda sobre la forma en la que ha llegado al trono. En este sentido, el citado Martínez parece el favorito para reeditar el choque del pasado año.