El hijo de la leyenda, Julio César Chávez Jr., sigue buscando una última oportunidad en la élite del boxeo a sus 40 años, intentando reverdecer los laureles que le hicieron campeón mundial WBC hace ya quince años. Hubo un momento donde, tras varias defensas del título, muchos pensaban que emularía las hazañas de su padre sobre el cuadrilátero; fue hasta que llegó Sergio «Maravilla» Martínez y le arrebató la gloria, en una noche que la afición española vivió con un nudo en la garganta durante dos largos minutos ante la pantalla de MarcaTV.

Chávez Jr. no supo asimilar la derrota, entre otras muchas cosas. Subió mucho de peso (ahora compite en peso crucero) y tomó decisiones muy equivocadas fuera del cuadrilátero. Sin embargo, su apellido y su fama pesan, lo que le ha reportado duelos de mucho dinero, como la derrota sufrida el año pasado ante esa celebridad metida a boxeador llamada Jake Paul, mucho más exitoso en su faceta como promotor. Chávez ha sufrido problemas legales de diversa índole, incluyendo una encarcelación, vinculación con cárteles del narcotráfico y tiempo en el dique seco del deporte derivado de todo ello. Por eso, para él es primordial competir.

Su propio padre es consciente de ello, por eso colabora para organizarle combates que le mantengan en el gimnasio y entrenando; sabe que eso le protege de las malas compañías, las sustancias perjudiciales y una vida que podría complicarse muchísimo. La última de estas peleas ha sucedido el pasado sábado en Reynosa, México. Chávez Jr. (56-7-1, 36 KO) noqueó al modestísimo colombiano Jhon Caicedo (13-2, 5 KO) en el tercer asalto, tras un gancho por fuera de la guardia con la mano izquierda que impactó en la zona de la oreja derecha del caído; dio la sensación de que Caicedo podía haber continuado, pero escuchó la cuenta de diez completa sin hacer ademán de levantarse.

El Júnior ya no está para campeonatos mundiales ni para cruces de élite, pero disfruta del boxeo sin presión, gana dinero (el combate se retransmitió por televisión en México) y parece feliz. Parece que no está nada mal para alguien que se asomó al abismo de la vida.