
@ringsider2020
A Mauricio Sulaimán, presidente del Consejo Mundial de Boxeo, se le nota bastante nervioso en los últimos tiempos. Un torneo junto a la Riyadh Season que no tuvo ni la mitad de la atención que debería, múltiples boxeadores como Shakur Stevenson o Keyshawn Davis dando prioridad al prestigio deportivo y rédito económico por encima de siglas o la llegada de Zuffa Boxing para arrinconar a los estamentos habituales son asuntos, entre otros, que preocupan seguro al mexicano.
Uno de esos púgiles que decidió romper con lo establecido fue Terence Crawford. Autor de un hecho sin precedentes en la época de los cuatro organismos, como es el de ser campeón indiscutible en tres categorías de peso, el de Omaha decidió retirarse hace unos meses, sorprendiendo a muchos, con 38 años y tras vencer a Saúl «Canelo» Álvarez. Los motivos personales del púgil, a una edad donde la gran mayoría de los boxeadores ya descansan de la competición profesional, parecen respetables tras haber obtenido grandes bolsas en la parte final de su carrera, colgando los guantes con salud, imbatido y habiéndose impuesto al boxeador más famoso de la última década, como decimos, el pasado mes de septiembre.
Sin embargo, la retirada temprana del cetro mundial tras imponerse a Canelo por discrepancias sobre las tasas a pagar por los campeones fue lo que abrió la caja de los truenos. Crawford contestó al WBC con unas duras declaraciones que ponían de manifiesto lo que sentían muchos boxeadores, como los citados en el inicio de este artículo: las tasas de los organismos mundiales son abusivas por la entrega de un cinturón, muy especialmente por parte del Consejo Mundial. Las palabras de Crawford abrieron la veda, insistimos, para que otros como Shakur Stevenson despiezasen al WBC, denunciando los comportamientos demasiado codiciosos del estamento de Sulaimán, al pedirle más dinero por solamente portar la faja del Consejo hacia el ring que por el cinturón que en realidad había en liza, el de la WBO.
Yendo a las declaraciones del mexicano, según algunos aficionados todavía escocido por la victoria de Crawford ante su protegidísimo Canelo (a quien va a regalar otra oportunidad mundial tras esta derrota sin haber vuelto siquiera al ring, todo sea dicho), parecen realizadas por alguien en la barra de un bar, más que por un respetado dirigente pugilístico. Sus calificaciones sobre «Bud» son las siguientes, literalmente: «Canelo pelea en septiembre por el título mundial, después tendrá un par de peleas y… él tiene muchas opciones: Benavídez, Charlo, una revancha con Crawford, que se retiró cobardemente, Bivol, Beterbiev… Él está en una posición en la que puede decidir. Ha dado mucho al boxeo, hay que respetarlo, valorarlo de esa manera y ya veremos qué viene». Repetimos, no es el representante de Álvarez quien habla, sino el presidente del WBC.
Para concluir, causa estupor alguna de esas propuestas de Sulaimán. David Benavídez fue campeón WBC interino del peso supermedio durante más de año y medio; en todo ese tiempo, sabiendo que Canelo no quería ni ver al de Arizona, el Consejo no propuso dicho enfrentamiento que ahora llena la boca a su presidente, velando más por la voluntad del pelirrojo que por la buena praxis que debería regir sus acciones. Por tanto, la hemeroteca y la historia no dejan en buen lugar a alguien que, desde su poltrona, no debería llamar «cobarde» por retirarse rico, exitoso y sano a punto de cumplir cuarenta años a ningún púgil.





