Tras vivir otro fin de semana en el que tanto árbitros como jueces británicos ofrecieron lo peor de grandes galas de boxeo, las primeras consecuencias no se han hecho esperar.

La British Boxing Board of Control, órgano que gestiona el boxeo británico y que sería análogo a nuestra Federación Española de Boxeo, ya ha anunciado que va a investigar a los jueces que se encargaron de puntuar la pelea del pasado sábado con todos los títulos del peso superligero en juego, Josh Taylor-Jack Caterall.

El oficial inglés Ian John-Lewis vio 114-111 para Taylor, al igual que el escocés Victor Loughlin, 113-112, mientras que el inglés Howard Foster dio ganador al aspirante 113-112. También fue muy criticada la actuación del tercer hombre sobre el ring, Marcus McDonnell, que dio muchísimos avisos a los contendientes en los primeros asaltos, frenando las acciones constantemente sin que ello derivase en amonestaciones y hablando más que actuando, algo que también vimos el domingo en la gala de Matchroom.

Hubo discrepancias entre periodistas y boxeadores sobre quién mereció ganar la pelea, siendo el escocés al que se le proclamó vencedor por decisión dividida. El propio inglés se quejó amargamente en sus perfiles de que le habían robado su sueño, aunque Taylor comentó que había ganado claro.