Darío Pérez
@Ringsider2020

El primer fin de semana boxístico de un repleto diciembre se cerraba en el AT&T Stadium de Arlington, Texas. Errol Spence (27-0, 21 KO) y Danny «Swift» García (36-3, 21 KO) protagonizaron un combate que había muchas ganas de ver por la vuelta de Spence tras su accidente de coche el año pasado, la calidad de ambos púgiles, acostumbrarnos de nuevo a ver el deporte con público o el historial de Spence y García de peleas muy competidas y decisiones cerradas de los jueces. En juego, estaban los cinturones mundiales IBF y WBC en posesión del afroamericano.

El pleito empezó entretenido, ninguno de los contendientes quería ceder el centro del ring y ambos buscaban marcar territorio con el pie adelantado (Spence es zurdo y García diestro), marcando con el jab y buscando cruzar algún golpe de poder. Ambos impactaban con regularidad en su rival ya desde estos primeros minutos, en los que no apreciábamos ningún efecto negativo del siniestro automovilístico en el boxeo de Spence, calculador, preciso, elusivo y veloz en las extremidades superiores e inferiores. Lo que sí era evidente es que Spence parecía de una categoría de peso superior a Swift.

El ritmo se mantuvo alto en los siguientes episodios, con pocos agarres y una búsqueda cada vez mayor de golpes de poder que, por la buena defensa mostrada por los dos, no llegaban en exceso a sus anatomías. Ello, y el peligro de las contras que se tiraban, hacía que los ataques fueran calculados, básicamente combinaciones de pocos golpes para evitar exponerse en exceso; asimismo, la labor de corrección en las esquinas se antojaba decisiva entre asaltos.

Quizá por el consejo de las esquinas o tal vez por buscar nuevas vías de dañarse, según llegábamos a los asaltos medios comenzamos a ver más ataques a las zonas abdominales, algo que marcó el round quinto más que ninguno hasta entonces. El ritmo de golpeo tampoco bajaba, y casi todos pensábamos que la resistencia sería decisiva en el devenir de la pelea. Spence se había hecho, ya a estas alturas, con el centro del cuadrilátero la mayoría del tiempo consumida la mitad del tiempo pactado.

Un cabezazo involuntario en el séptimo asalto produjo una inflamación en el rostro de Spence, algo que hizo constar un atentísimo árbitro en caso de que tuviera relevancia futura. En la otra esquina, el ojo izquierdo de García presentaba marcas de los golpes recibidos en su parte inferior. El campeón parecía el conejito de aquel icónico anuncio de pilas, ya que, finalizados dos tercios de la batalla, el volumen de golpes que lanzaba era el mismo que tras el primer tañido de campana. Swift, por su parte, estaba respondiendo con un rendimiento más que digno y, en ocasiones, poniendo en algún apuro a Spence, tal como ocurrió con una buena mano casi finalizando el décimo asalto.

Los últimos minutos de la pelea mostraron un ritmo algo más bajo, quizá producto del cansancio, de la inactividad, del conformismo de Spence pensando que tenía las puntuaciones controladas o de que García ya no encontraba fórmulas para impactar de manera consistente (al menos, antes de que tocase la campana, porque en más de una ocasión golpeó después del final del asalto, ante las miradas resignadas del campeón). De este modo, se consumieron los treinta y seis minutos reglamentados con la sensación de haber visto una buena pelea, con acción y protagonizada por dos boxeadores que seguirán dando unos cuantos años de espectáculo.

Los jueces puntuaron la pelea con decisión unánime a favor de un Errol Spence que mantiene sus títulos mundiales: 116-112, 116-112 y 117-111, cartulina que compartimos en estas líneas. Ojalá Spence busque unificar con algún otro título de la división en 2021, pues una pelea ante Manny Pacquiao (campeón WBA) o Terence Crawford (WBO) sería muy atractiva deportiva y mediáticamente.

En las peleas anteriores, teníamos una eliminatoria mundial para el cinturón superwélter WBC. Sebastián Fundora (16-0-1, 11 KO) no pudo comenzar mejor su pelea contra Habib Ahmed (27-2-1, 18 KO), puesto que ya puso en problemas el africano en los primeros segundos de pelea con un preciso uppercut que casi hizo caer a Ahmed. El tremendo alcance (en torno a dos metros de envergadura) de Fundora parecía hacerle inexpugnable a los ataques de su rival, que veía imposible acercarse al cuerpo del de Coachella. En cambio, él seguía lanzando manos incansablemente desde su atalaya a gran distancia de Ahmed, llegándole una ocasión tras otra hasta que el árbitro se interpuso y paró la pelea en el segundo asalto; la inferioridad de Ahmed era evidente. El año 2021 se presenta apasionante para Sebastián Fundora, y es probable, pese a que el superwélter es una división llena de superclases, que pueda tener su primera oportunidad de ser campeón mundial.

Ahmed-Fundora

Eduardo Ramírez (24-2-3, 11 KO) había vencido por KO en el quinto asalto a Miguel Flores (24-4, 12 KO) por la condición de aspirante oficial del WBC pluma. Ramírez se mostró superior desde el principio, aunque pareció costarle un poquito entrar en acción. Una vez logrado conectarse al combate y quitarse el óxido de la inactividad, fue acelerando las acciones asalto tras asalto hasta que, en el quinto, un tremendo croché al lateral de la mandíbula en los primeros diez segundos desarboló a Flores. Estaban aún las esquinas secando el suelo con las toallas, como hecho anecdótico que muestra la rapidez del final del pleito. Tremendo nocaut, casi tanto como la efusividad de Ramírez.

Abrió la parte televisada del evento Josesito López (38-8, 21 KO) derrotó por KO técnico en el décimo y último asalto de su pleito a Francisco Santana (25-9-1, 12 KO). Fue una dura batalla en la que López ya había derribado a Santana en los primeros compases y en el noveno round, siendo salvado por la campana en este último. En el décimo, varias manos de López finalizaron a Santana ante la permisividad de un árbitro y esquina que no realizaron su trabajo de proteger al deportista correctamente.