Christian Teruel
@Chris_Le_Gabach

En Hollywood, mientras Manny Pacquiao entrena rodeado de cámaras y gente observando, lejos de los focos hay un niño de trece años haciendo manoplas con su padre en una esquina del gimnasio de Freddie Roach. Algo debieron ver a ese chaval rollizo para dejarlo quedarse a entrenar en uno de los rings, ya que el gimnasio había cerrado en ese momento las puertas al resto de miembros. Ese mismo niño que se puso los guantes por primera vez con tres años, practicando en el garaje de su casa con su padre y su admirado hermano mayor, superando sus problemas de peso que fueron objeto de burla de otros niños.

Y que como muchas personas en esa fábrica de sueños que es la ciudad donde entrenaba bajo el mismo techo que la leyenda filipina, cumpliría el suyo de ser campeón del mundo. Hablamos de David Benavídez, “El Bandera Roja”.

Y no sólo fue precoz fue para entrenar con gente del más alto nivel. Tras solo quince peleas en amateur, salta al profesionalismo con 16 años. Algo para lo que, según él, su padre le había preparado mejor. Desde ese momento, empieza a coleccionar todo victorias por la vía rápida en el peso supermedio (menos en su octavo pleito, que gana por decisión unánime ante Umarzoda) y en escenarios de relumbrón como las veladas encabezadas por el Thurman – Porter y el Frampton – Santa Cruz II).

Así, Benavidez se presentó a su primera oportunidad por un campeonato del mundo con un récord de 18-0, 17 KO. Ahí, no sólo consigue su sueño de ser campeón mundial después de ganar el vacante WBC a Ronald Gavril por decisión divida, sino que además logra otra muesca en el revolver de logros precoces: se convierte en el monarca supermedio más joven de la historia, con 20 años. Sin embargo, lo de ir tan rápido es algo que también hizo en la parte del lado oscuro del boxeo.

Y es que Benavídez cometió pronto dos de los mayores pecados para un púgil. Primero, dar positivo en sustancias prohibidas. Antes de defender su cinturón, en un control de la VADA se le encontró Benzoylecgonina, componente principal de la cocaína. El resultado, blanco y en turulo: suspensión de cuatro meses, la pérdida del cinturón WBC y la cancelación de su combate contra Dirrell. Tras volver de la sanción y ganar sus siguientes dos peleas, la segunda de ellas consiguiendo de nuevo el mundial WBC ante Anthony Dirrell, volvió a perpetrar una falta gravísima.

En el pesaje de su primera defensa de este segundo reinado después de derrotar a Dirrell, El Bandera Roja de nuevo la pifió. Marcó en la báscula casi 1,400 kg más del límite marcado de 76,200 kg, por lo que volvió a perder el cinturón fuera del cuadrilátero. De nada le sirvió ganar con una paliza de golpes que hizo abandonar al único aspirante en esa pelea, Alexis Angulo.

El cinturón WBC volvía a escaparse de sus manos, quedándose vacante para regocijo de un Canelo Álvarez que se aprovechó de la situación inmediatamente, activando los mecanismos necesarios en connivencia con Mauricio Sulaiman, para aspirar a hacerse con él en su pleito con Callum Smith.

Desde entonces, para muchos, David Benavídez dejó de ser el boxeador con más credenciales para enfrentarse a Canelo. Cierto que esos graves errores son suficientes para pagar una merecida penitencia. Y que es normal que una persona que mueve tanto dinero como el mexicano no quiera arriesgarse con el Bandera Roja, no sólo por lo deportivo sino por lo económico. Es innegable que, con esos antecedentes, es difícil aceptar una pelea así a sabiendas que una indisciplina puede echar por tierra un negocio millonario.

No obstante, Benavídez ya ha pasado sus cuarenta días en el desierto, probando en sus siguientes combates (todos ganados por KO) no solamente su seriedad y profesionalidad, sino que es el boxeador del peso supermedio más peligroso y complicado del mundo.

Razones de peso para tener la oportunidad de redimirse de sus fallos y brindar un auténtico espectáculo y reto (y un buen negocio, algo siempre imprescindible para boxeadores de cierto estatus) para el campeón absoluto y dueño del cinturón que David Benavídez perdió contra sí mismo.