
Esta tarde de sábado en el 3Arena de Dublín, Irlanda, Dana White ha encabezado la organización de la décima entrega por parte de la nueva promotora Zuffa Boxing, con ocho combates que abrieron con una muy mala imagen por parte del boxeo español y cerraron con un título del mundo que supuso la coronación del héroe local, pero en una pelea bastante mediocre.
Aaron McKenna (21-0, 10 KO) se ha impuesto a Etinosa Oliha (22-1, 10 KO) por el título mundial del peso medio IBF, que se encontraba vacante. Ha sido un combate muy uniforme y plano, con poca emoción y rounds que se repetían con gran similitud. A excepción de un buen arranque de Oliha, el irlandés tomó el control ya en el segundo asalto para ir hasta el final del duelo venciendo casi exclusivamente con la mano adelantada. El jab, con un dominio que podríamos considerar la principal virtud del nuevo campeón, provocó que el italiano fuera incapaz de descifrar ese boxeo simple de McKenna, con únicamente ocasiones contadas donde lograba impactar. Apenas hubo combinaciones, no hubo peligro ni cercanía del fuera de combate y el animoso público insular, con ansias de mostrar su predilección, apenas tuvo oportunidad para lanzar sus gritos de júbilo: McKenna venció, si permitimos el símil futbolístico, con la mínima, sin apuros ni tampoco alardes.
Las cartulinas de los árbitros fueron 118-110, 117-111 y 116-112 en favor del nuevo campeón del mundo. Si alguien se esperaba una nueva estrella saliendo de la noche dublinesa que emocionase a la parroquia local, lo más cercano será el recuerdo al fallecido Glen Hansard. Aaron McKenna, nuevo campeón, fue simplemente eficiente en una nueva prueba del precario estado del peso medio.





