
Dr. Borja Occhi
@medicoboxeo
En verano podemos utilizar el calor como un estímulo para mejorar nuestro rendimiento.
Sin embargo, entrenar a temperaturas elevadas también implica riesgos. Por eso es importante saber cómo hacerlo correctamente. Julio y agosto son meses en que los gimnasios suelen estar menos abarrotados, pero probablemente quieras seguir entrenando, ya sea en tu ciudad o durante las vacaciones. Y es posible que te preguntes: ¿puedo aprovechar el calor para mejorar o simplemente estoy sometiendo a mi cuerpo a un riesgo innecesario?
El entrenamiento en ambientes calurosos se utiliza desde hace años en los deportes de resistencia. Ahora también empieza a despertar interés en el boxeo, porque puede provocar adaptaciones especialmente útiles para soportar sesiones intensas y recuperarse mejor entre esfuerzos.
¿Por qué puede servir en boxeo?
En el boxeo intervienen dos grandes sistemas energéticos: el sistema aeróbico, que utiliza oxígeno, y el sistema anaeróbico, que aporta energía rápidamente durante acciones explosivas como los golpes o las esquivas.
Durante un combate -o un entrenamiento- combinamos periodos de alta intensidad con descansos muy breves. Precisamente en esos descansos, el sistema aeróbico desempeña un papel fundamental: ayuda a recuperar energía y reutilizar los metabolitos generados durante el esfuerzo. Así prepara al organismo para el siguiente asalto.
Podríamos decir que el sistema aeróbico es el motor que te permite mantener los desplazamientos, recuperar entre combinaciones y llegar con energía al final del combate o de una sesión exigente.
Entrenar con calor puede mejorar la eficiencia cardiovascular y la tolerancia a los esfuerzos repetidos. Esto significa que tu organismo puede aprender a soportar mejor las cargas intensas y a recuperarse con mayor rapidez entre ellas.
Y esta ventaja no es exclusiva de los boxeadores que compiten. Si practicas boxeo para mantenerte en forma, también puede ayudarte.
¿Qué cambia en tu cuerpo?
Cuando entrenas repetidamente a una temperatura elevada, pero controlada, el organismo aprende a refrigerarse y a mantener la circulación sanguínea con mayor eficacia.
Una de las primeras adaptaciones es el aumento del volumen plasmático, es decir, de la parte líquida de la sangre. Esto permite que el corazón pueda expulsar más sangre en cada latido y que no necesite elevar tanto su frecuencia para mantener el aporte de sangre a los músculos. Así puede mejorar su eficiencia.
También empiezas a sudar antes y de una forma más eficaz. No porque sudar más sea mejor, sino porque el cuerpo se anticipa al aumento de la temperatura y mejora su capacidad para eliminar calor.
En la práctica, puedes notar que el corazón se “acelera” menos, que toleras mejor el trabajo continuado y que llegas menos cansado a los últimos minutos del entrenamiento o a los asaltos finales. Con el paso de los días, el calor también puede resultar menos agobiante.
¿Cómo podría aplicarse?
Debes tener claro que el cuerpo necesita tiempo para adaptarse. No puedes pasar de cero a cien en un día: hay que aumentar la exposición de forma progresiva.
Una opción sencilla consiste en realizar durante varios días sesiones aeróbicas suaves o moderadas en un entorno algo más caluroso de lo habitual. Puedes utilizar la bicicleta, correr suavemente, saltar a la comba o hacer sombra, evitando llegar al agotamiento.
Para empezar, un ambiente de aproximadamente 28-32 °C puede proporcionar un estímulo suficiente, especialmente si existe humedad o poca ventilación. No hace falta convertir el gimnasio en una sauna.
Hay una recomendación básica muy sencilla: no empezar deshidratado y reponer adecuadamente las pérdidas. Cuando la sesión es prolongada, se suda abundantemente o se realizan varios entrenamientos, las bebidas con electrolitos pueden ser una opción útil.
Más calor no significa mejores resultados
El objetivo no es sufrir ni terminar completamente deshidratado. La deshidratación reduce el volumen de sangre, aumenta la frecuencia cardiaca y puede empeorar la coordinación, la toma de decisiones y la capacidad para tolerar los golpes.
La sesión debe interrumpirse si aparecen mareos, confusión, náuseas, dolor de cabeza, escalofríos o una debilidad desproporcionada.
Como ves, el calor puede ayudarte a mejorar. Pero, como ocurre dentro del ring, no gana quien más arriesga, sino quien sabe controlar mejor los esfuerzos.






