Cuando Tyson Fury anunció su regreso a los cuadriláteros tras un nuevo retiro, muchos entendieron que necesitaba un combate para recuperar ritmo antes del esperado duelo con Anthony Joshua. Ese papel lo cumplió Arslanbek Makhmudov, un peso pesado todavía competitivo y con suficiente peligro como para exigir una buena versión del británico. Sin embargo, el siguiente paso resulta mucho más difícil de justificar.

Queensberry confirmó que Fury (35-2-1, 24 KO) se enfrentará el próximo 24 de julio en Pattaya (Tailandia) al veterano polaco Mariusz Wach (39-13, 20 KO), de 46 años. El combate servirá como última parada antes del esperado enfrentamiento con Anthony Joshua, previsto para finales de año si ambos superan sus respectivos compromisos. Sobre el papel, el argumento es sencillo: evitar riesgos innecesarios antes del mayor combate que puede ofrecer actualmente el boxeo británico. El problema es que Fury ya había asumido ese papel hace apenas unos meses con Makhmudov. Si aquel combate podía entenderse como una puesta a punto tras la inactividad, cuesta encontrar una explicación deportiva para rebajar todavía más el nivel de la oposición.

Wach fue un rival respetable hace más de una década, cuando desafió sin éxito a Wladimir Klitschko por el campeonato mundial. Desde entonces ha pasado a desempeñar el papel de veterano resistente al que recurren numerosos pesos pesados para seguir sumando experiencia. En los últimos años ha perdido frente a boxeadores como Dillian Whyte, Hughie Fury, Frazer Clarke, Moses Itauma o Viktor Vykhryst, además de participar en combates de escasa repercusión e incluso compartir tapiz con influencers y figuras alejadas de la élite del boxeo profesional. En todo caso, parece un rival menos grotesco que otras opciones que se llegaron a manejar, como el exfutbolista Zlatan Ibrahimovic.

El contraste con el discurso que rodea a Fury resulta inevitable. El británico continúa presentándose como uno de los mejores pesos pesados de su generación y mantiene como gran objetivo el esperado duelo con Joshua. Sin embargo, la elección de Wach transmite la sensación de que el combate del 24 de julio responde mucho más a una obligación de mantenerse activo que a una verdadera preparación competitiva. Nadie puede reprochar a Fury que quiera llegar en las mejores condiciones posibles al enfrentamiento con Joshua; lo que sí resulta discutible es que, tras haber superado ya una prueba razonable frente a Makhmudov, su siguiente rival sea un boxeador de 46 años que acumula derrotas ante prácticamente todos los oponentes importantes con los que se ha cruzado durante la última década.

El evento contará con un componente benéfico, ya que parte de la recaudación será destinada a organizaciones locales y el WBC aprovechará la ocasión para entregar a Fury un cinturón honorífico por su labor humanitaria. Todo ello contribuirá a dar brillo a una velada cuyo interés deportivo, al menos sobre el ring, parece bastante más limitado que el nombre de su protagonista.