
La gran velada de Japón el pasado sábado fue un descubrimiento para muchos aficionados occidentales. Que se pudiera ver a nivel global es todo un acierto para poder acercar al aficionado medio un gran espectáculo, algo habitual en dicho país, con excepcionales veladas con gran afluencia de público y mucha acción sobre el ring. Además de los dos campeonatos mundiales, con triunfo del mayor de los Inoue y del menor de la saga, especialmente dos resultados son importantes a nivel internacional en clave de futuro.
Estos dos duelos tuvieron toda la emoción y el ritmo que solemos ver en tierras niponas, puesto que los títulos mundiales tuvieron un matiz más táctico en ocasiones, con los boxeadores más conscientes de todo lo que se jugaban. El duelo coestelar de la noche japonesa fue el del excampeón mundial gallo Yoshiki Takei (12-1, 9 KO) frente al chino DeKang Wang (9-2, 3 KO), insertado entre los mundiales al compartir entrenador, su padre Shingo, ambos hermanos Inoue. Los ocho rounds pactados se quedaron muy cortos en un buen pleito, con Takei mejor al principio, imponiendo su técnica más depurada y castigando a Wang, pero con un final complicado para el local; pese a haber recibido mucho castigo, el foráneo fue siempre hacia delante y asestó certeros golpes al de Tokio. Takei venció con apuros, por decisión mayoritaria (76-76 y doble 77-75)… y gracias.
En uno de los combates no televisados de modo imcomprensible por DAZN (y sí por otras televisiones con derechos), vimos una de las peleas del año, la que realmente debía haber ocupado el espacio de semifondo. El exaspirante mundial wélter Jin Sasaki (21-2-1, 18 KO) nos ofreció toda una guerra contra Sora Tanaka (5-1, 5 KO), a quien le pusieron una prueba demasiado exigente en esta temprana parte de su carrera. Fue un tiroteo digno de OK Corral, con guantazos en todas las trayectorias, ángulos y alturas posibles que recomendamos ver al lector de la manera que pueda. El triunfo para Sasaki, por decisión dividida (96-94, 94-96 y un muy desacertado 97-93) no hizo justicia al empate que merecían ambos por su despliegue e igualdad en los golpes, aunque tampoco podamos hablar de robo flagrante. Un auténtico regalo para quienes lo vivieron.





