
Naoya Inoue (33-0, 27 KO) es historia viva del boxeo, y está dispuesto a agrandar su leyenda para delirio de su legión de seguidores en Japón (y el resto del mundo). En un deporte acostumbrado a rendir culto a sus grandes campeones del pasado, Inoue trasciende de su propia época. Por momentos, su solvencia sobre el ring, metódica y sin fisuras, hizo que un boxeador de la talla de Junto Nakatani (32-1, 24 KO) no encontrase opciones ante un campeón que funciona como la tecnología japonesa de los noventa: sin fallo y en constante actualización.
No fue porque Nakatani no intentase encontrar una manera de comprometer el dominio de su compatriota. Y lo llegó a conseguir, dejando claro que él también es un orgullo para el boxeo japonés. El respeto del público que se dio cita en el Tokio Dome quedó patente cuando Nakatani se dirigió al vestuario con un respetuoso aplauso como acompañante en su primera derrota como profesional.
Inoue ya no es el joven que arrollaba a sus rivales con la urgencia de quien tiene algo que demostrar. «The Monster» ha recorrido un camino que transista del minimosca al supergallo y ha madurado en el proceso, como un buen vino que mejora su sabor en la barrica con el paso del tiempo. Ya no tiene prisa en acabar sus peleas, y esa calma, lejos de restarle peligro lo hace más difícil de descifrar. Tras la guitarra que lo acompañó camino al ring como preludio de su particular actuación, Inoue quiso iniciar su solo metódico al estudiar con paciencia la guardia zurda de Nakatani.
Junto Nakatani inició el combate con un plan: confiar en su capacidad al contragolpe y esconder el recto detrás del jab, a la espera de que Inoue cometiese el error de precipitarse. No ocurrió. Nakatani tardó varios asaltos en asumir que era él quien más riesgo corría con esa estrategia, y fue después de imprimir más ritmo a su jab en el quinto y sexto asalto cuando comprendió que debía buscar otro camino si quería que la pelea terminase de otra manera.
Los jueces premiaron el impulso de Nakatani en los asaltos intermedios, y precisamente esos tres asaltos finales se tornaron decisivos en las puntuaciones. En el décimo, un choque de cabezas accidental abrió un corte en Nakatani que obligó a la revisión del médico en un momento en que soñó, a pesar de la dificultad de la empresa, con dar la vuelta al resultado. Sin ese corte, con Nakatani a la ofensiva y con mayor confianza, los dos asaltos finales pudieron haber tenido otro resultado, lo que deja abierta la puerta a una revancha que, de producirse, volvería a llenar el Tokio Dome.
Los tres jueces dieron la victoria a Inoue por 116-112, 116-112 y 115-113. El campeón retuvo los títulos WBC, WBA, WBO e IBF del peso supergallo, los cuatro cinturones de la categoría que siguen con el mismo dueño, a la espera de las próximas decisiones de los organismos.
AND STILL! 👑
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— DAZN Boxing (@DAZNBoxing) May 2, 2026
Cuando Nakatani se adentró en las entrañas del enorme recinto, probablemente se lamentó de no haber sido algo más ofensivo en la primera parte del combate, pero de cara a una segunda pelea, esa confianza adicional debe valerle para intentar derrotar al preferido indiscutible de los aficionados en el país del Sol Naciente.
A Naoya Inoue se le agotan los retos mientras espera que jóvenes emergentes como Jesse Rodríguez sigan subiendo de categoría, como él lo hizo con tanta brillantez. «The Monster» sigue solo en la cima, y sin otro plan alternativo, una revancha con Junto Nakatani se presenta como su siguiente combate.
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