Una de las pocas personas que pudo presumir de amistad con Donald Trump y Hugo Chávez al mismo tiempo es Don King. El extravagante promotor manejó mejor que nadie el poder político del boxeo, entendiendo que los guantes no solo reparten golpes, sino también influencia. King inició sus negocios internacionales cuando Donald Trump empezaba a construir su imperio inmobiliario y Hugo Chávez se preparaba para ingresar en el Ejército venezolano. Tres trayectorias distintas que, con el tiempo, acabarían cruzándose alrededor del poder. En 1974, Don King llevó a Caracas una pelea que parecía difícil que se diera fuera de Estados Unidos: el título mundial del peso pesado entre George Foreman y Ken Norton. El combate sirvió para inaugurar El Poliedro de Caracas y se financió gracias a un petróleo venezolano revalorizado por la crisis energética global. Boxeo, geopolítica y dinero: la fórmula que King perfeccionó como nadie. Venezuela descubría entonces que el boxeo podía ser una carta de presentación internacional.

Durante su periodo en prisión, Don King cultivó un interés intenso por el pensamiento y la retórica, tiempo en el que leyó múltiples clásicos que luego influirían en sus populares discursos. Desde entonces ha repetido hasta la saciedad mensajes sobre la marginación sufrida por la población negra y las causas raciales, utilizándolos como herramienta de persuasión para convencer a muchos boxeadores de que su papel trascendía el deporte y tenía una dimensión mayor. Sin embargo, ese mismo discurso funcionó también como anzuelo, ya que mientras apelaba a la conciencia racial y al destino colectivo, King consolidó un férreo control sobre los ingresos millonarios de estrellas negras como Mike Tyson, y también de campeones blancos como Julio César Chávez, demostrando que su retórica idealista convivía con una lógica empresarial sin escrúpulos.

La relación de de King con Venezuela no fue flor de un día, y el promotor regresó en numerosas ocasiones para organizar veladas. Tres décadas después del Foreman vs. Norton, a finales de enero de 2004, volvió a Caracas en un contexto muy distinto. Hugo Chávez ya era presidente y afrontaba uno de los momentos más delicados de su mandato, al estar previsto un referéndum revocatorio. En medio de las críticas internas y de la presión internacional, Don King apareció como invitado estelar en «Aló, Presidente», el programa semanal del mandatario.

El promotor se deshizo en elogios. Definió a Chávez como un “presidente del pueblo, para el pueblo y hecho por el pueblo”, subrayando que su verdadera fuerza residía en el vínculo directo con la gente. Alabó sus programas sociales dirigidos a los sectores más pobres y lo retrató como un líder preocupado por los olvidados del sistema. Chávez, por su parte, le devolvió el gesto llamándolo “un luchador de muchos años” y agradeciendo públicamente su respaldo en un momento políticamente sensible.

Mientras King levantaba los brazos y gritaba “¡Viva Hugo Chávez! ¡Viva Venezuela!”, el presidente aprovechaba el altavoz para denunciar presuntas irregularidades en la recolección de firmas impulsada por la oposición para revocar su mandato. Don King no solo aplaudió, sino que prometió mover hilos diplomáticos para mejorar las relaciones entre Venezuela y la Casa Blanca. En inglés, mirando a Chávez, le habló de una “magia” basada en la cercanía con los oprimidos.

King-Chávez

En Venezuela, además, se vivía con pasión el ascenso de Edwin Valero. La prensa local soñaba con verlo bajo el paraguas de Don King, una unión que finalmente no se materializó. La relación entre el promotor y el país se mantuvo viva durante años. En 2012, King volvió a elogiar públicamente a Chávez poco antes de su muerte. Horas después del fallecimiento del presidente el 5 de marzo de 2013, apareció empuñando la bandera venezolana en la presentación del Bernard Hopkins vs. Tavoris Cloud, para rendir homenaje al militar bolivariano ante la prensa estadounidense. El vínculo no se rompió con la desaparición de Chávez. King siguió en contacto con Venezuela y con su boxeo profesional, en parte por la estrecha relación entre la WBA y el Gobierno del país, incluso ya bajo el mandato de Nicolás Maduro.

Don King y Donald Trump mantienen una relación que se remonta a los años ochenta, cuando Trump empezó a organizar en sus hoteles de Atlantic City grandes veladas de boxeo promovidas por King. Con el paso del tiempo, King llegó a declarar públicamente que se sentía decepcionado con Barack Obama, lo cual materializó al aparecer en actos políticos de Trump, al que ha respaldado en diversas ocasiones, subrayando siempre la buena amistad que los une. Antes de que Juan Carlos I le mandara callar en una célebre cumbre, Hugo Chávez ya había conocido a otro “King”. Don se hizo amigo de otro Chávez cuando Julio César dejó de ser su gallina de los huevos de oro.