El malagueño Samuel Molina (34-4-1, 16 KO) se ha impuesto esta noche al castreño Jon Míguez (20-1-2, 8 KO) en el quinto asalto de un combate extraordinario, que cerró la velada organizada por Heredia Promotion en el Pabellón Deportivo de Cártama (Málaga), de la que ya hemos hablado, con cerca de 5.000 espectadores, según la organización. La salida de «La Esencia» Molina era propia de un videoclip, con limusina incluida. El malagueño boxeaba ante su público, en su pueblo, y el pabellón así se lo hizo notar, lo cual caló en el púgil andaluz. Molina transmitió sobre el ring una enorme confianza en sí mismo desde el primer instante.

El primer asalto puso sobre la mesa el plan de cada boxeador. Molina hizo notar el poder de sus manos desde el inicio, pero sin prisas, con una comodidad que le llevó incluso a regresar a las cuerdas después de esquivar los golpes. El de Castro Urdiales tenía claro su plan: ir hacia delante, trabajar, y no ceder el terreno.

El segundo asalto aumentó el nivel de intensidad. Molina se plantaba y al mismo tiempo esquivaba con el hombro y las piernas. «The Goodboy» Míguez, con su guardia alta, buscaba conectar con su mano más poderosa. Llegó entonces el primer momento decisivo de la pelea: una derecha de Molina pudo acabar el combate, y el cántabro se fue contra las cuerdas muy trastabillado. La campana le salvó de un final prematuro.

En el tercero, Molina siguió desplegando su repertorio técnico sin aparente urgencia, pero en los intercambios Míguez conectó nítidos golpes y el malagueño se expuso en alguno de sus contragolpes. Los golpes eran duros en ambas direcciones. En el cuarto, el combate mantuvo la intensidad. Míguez, a pesar de notar el peso de las manos de su rival, no perdió la cara. Molina no alteró su guion después de notar las manos de Míguez.

El quinto round fue uno de los mejores en los últimos años en el boxeo español. Molina dio señales de estar tocado, y es que así es el boxeo, a pesar de su aparente superioridad, el visitante soñó con la victoria durante unos segundos. Míguez, sin embargo, no pudo acelerar cuando tenía la oportunidad, y el malagueño se recuperó. Cuando faltaba un suspiro para que la campana diese por concluido el asalto, llegó el desenlace, pero el de la pelea. Una combinación con ambas manos rematada con una derecha al mentón fulminó a Míguez, que cayó tendido en la lona sin que el árbitro contase. Jon Míguez tardó unos segundos en reponerse con la ayuda de su esquina. Molina firmó uno de los nocauts de lo que va de año, para ceñirse el título Internacional Silver del peso wélter, un cinturón intermedio del WBC, que le permite soñar con ascender dentro del Top-10 mundial del organismo mexicano, donde el actual campeón es Ryan García. En el momento del KO, dominaba por puntos Molina en las tres cartulinas de los jueces por 39-37.

Sobre el ring, «La Esencia» dedicó la victoria a sus vecinos de Cártama. Una pelea que ofreció a los aficionados el espectáculo de dos boxeadores españoles de nivel contrastado dándolo todo en el ring, el tipo de combate que hace afición y que los promotores deberían tener más en cuenta frente a la tendencia de importar púgiles de nacionalidades variopintas que visitan España únicamente a por la bolsa sin aportar nada sobre el cuadrilátero, con el consiguiente desencanto del público.