Dr. Borja Occhi
@medicoboxeo

Guardia baja y golpe al mentón. No es un knockdown, pero te quedas tambaleándote casi sin equilibrio y tardas unos segundos en recuperarte. ¿Qué ha pasado?
Verás, el cuerpo humano basa su equilibrio en tres sistemas. Luego hablaremos de las piernas de goma.

Cómo funciona el equilibrio en nuestro cuerpo
Primero, la vista.
Segundo, el oído interno (o sistema vestibular), que mediante unos canales semicirculares y unos cristales que tiene, detectamos giros, aceleraciones, y posición de la cabeza en el espacio.
Por último, la propiocepción, un sistema complejo pero muy rápido que le dice a nuestro cerebro la posición y el estado exacto de cada una de nuestras articulaciones, tendones y músculos.

Toda esta información llega al sistema nervioso central, especialmente al cerebelo y al tronco encefálico. Ahí se integra todo, para generar de forma prácticamente automática, esos pequeños ajustes que nos permiten mantener el equilibrio.

Si tienes hijos, probablemente recuerdes cómo al principio se caían continuamente. Poco a poco empezaron a caminar, correr y saltar con normalidad. Esa mejora ocurre porque su sistema nervioso iba aprendiendo a integrar toda esa información y a responder cada vez más deprisa y con mayor precisión.

Y, ¿por qué un golpe desmorona todo este sistema tan perfecto y complejo? Las piernas no se quedan sin fuerza, así sin más. El mecanismo es mucho más complejo.

¿Qué le pasa al cerebro cuando recibe un golpe de cierta intensidad?

Cuando recibimos un golpe en la cabeza, hay una combinación de aceleración lineal y rotacional, que deforma al cerebro dentro del cráneo. En ese momento existen fuerzas de cizallamiento, se estiran las neuronas, y además hay una alteración transitoria de las conexiones entre las neuronas.

El problema es que, esa deformación trae consigo pequeñas fisuras en las neuronas, creando un caos eléctrico. Las neuronas funcionan gracias al potasio, sodio y el calcio, entre otros. Con el golpe, estos iones se desajustan por esas fisuras, y la neurona necesita una elevada energía para volver a la normalidad.

Esa energía (en forma de glucosa y oxígeno) sólo puede llegarle a través de la sangre.

¿Y dónde está el problema?

Que precisamente después del traumatismo el flujo sanguíneo cerebral no solo no aumenta, sino que puede disminuir. Es decir, las neuronas necesitan más energía justo en un momento en el que reciben menos combustible.

Se produce así una gran crisis energética: aumenta la demanda, pero el aporte no consigue responder al mismo ritmo.

¿Por qué aparece el tambaleo?

Esa crisis energética cerebral no siempre explica por sí sola el tambaleo.

También puede haber una lesión, muchas veces transitoria, en esos sistemas que miden los cambios de aceleración en la cabeza. Puede que los sensores se encuentren alterados durante un momento, o que la señal que sale de ellos, llegue tarde o deformada.

También puede que la información que aportan la visión y la propiocepción llegue desacoplada. Es decir, el cerebro comienza a recibir mensajes contradictorios de la visión, la propiocepción y el sistema que mide los cambios de aceleración de la cabeza.

Para entendernos: el sistema vestibular dice: “la cabeza se está moviendo”. Pero la vista puede decir: “la imagen permanece quieta”. Y mientras tanto, la propiocepción informa de que el cuerpo se encuentra en otra posición diferente. Es decir, llegan mensajes opuestos y el cerebro debe decidir cuál es la correcta y cómo responder.

Pero justo hay unos instantes en que no consigue organizar toda la información adecuadamente. Y ese es en ese preciso momento en el que notas las piernas de goma.

¿Se puede evitar?

Como has visto, durante esos segundos después de ciertos golpes, las redes encargadas de integrar la visión, el sistema vestibular, la propiocepción y las respuestas posturales pueden funcionar de forma desorganizada. La información llega tarde, incompleta o no coincide.

El cerebro sabe que el cuerpo se está cayendo, pero no consigue calcular y ejecutar con suficiente rapidez los ajustes necesarios para evitarlo.

Y ahí aparecen las famosas “piernas de goma”.