Julio González

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Perico Fernández conservó el cinturón mundial del peso superligero al derrotar por KO en nueve asaltos al brasileño Joao Henrique. El combate se celebró en el Palacio de los Deportes de Barcelona con asistencia de unos ocho mil espectadores. Esta era la primera defensa que hacia Perico del título que había conquistado en Roma un año antes y suponía la cuarta vez que el brasileño intentaba conquistar la corona mundial, en las anteriores había fracasado. Y además era la primera vez que un boxeador español campeón del mundo retenía el título.

El combate comenzó con la salida en tromba del púgil brasileño que, cerrado de guardia y aprovechando su mayor estatura, fue lanzando las manos en series de directos. Perico dejó la iniciativa al aspirante, que seguía lanzando golpes durante los siguientes asaltos, y en uno de ellos Perico protestó lo irregular del golpe al árbitro francés, que no apreció nada anormal y le hizo a Perico una cuenta de protección. Hasta el séptimo asalto el dominio fue del brasileño, que demostró estar perfectamente preparado e impuso un ritmo acelerado. Perico se limitó a esperar en las cuerdas las acometidos del aspirante, pero en este asalto tuvo la primera reacción después de recibir una derecha del brasileño que le hizo daño, reaccionó con una serie que dejo medio tocado a su rival cuando sonaba la campana salvadora.

El octavo fue el inicio del fin con un brasileño que se fue al rincón acusando cansancio después de un gran intercambio de golpes del que salió peor parado. Y llegó el noveno donde Perico aplicó una derecha al rostro del brasileño que cayó de espaldas en el tapiz sin reacción posible, por lo que el árbitro señor Tayllerach desgranó los diez segundos fatídicos.
Si en abril, Perico había dejado a todo el mundo con la boca abierta tras su victoria sobre el brasileño Henrique, en julio volvía a dejar a todo el mundo con la boca abierta, pero en esta ocasión de forma vergonzosa y lamentable porque perdía el título mundial del peso al abandonar en el séptimo asalto en el combate con el tailandés Saensak Muangsuarin, un luchador de boxeo thai que hacía en esta su tercera pelea como boxeador profesional.
El combate se celebró en el Estadio Huamark de Bangkok y asintieron quince mil espectadores, entre los que se encontraban unos doscientos españoles que asistieron junto con el presidente de la Federación Española señor Saiz Huertas.

A las 15:55 hora española dio comienzo el combate con una temperatura de 48 grados. Nada más salir, el tailandés se mostró precavido agazapado detrás de sus puños esperando la reacción del español que sacó alguna mano. Perico se adjudicó los tres primeros asaltos porque el calor todavía no había hecho efecto en él, pero a partir del tercero el combate sufrió un cambio, Muangsarin ataca y se produce un intercambio de golpes durísimos, del que salió peor parado el español. En los asaltos siguientes, el español, más apático, dejó la iniciativa al boxeador asiático que comenzó a castigar al campeón y a llevarlo a las cuerdas arrinconándolo y aplicándole golpes durísimos que el púgil maño aguantó sin reaccionar. El séptimo asalto comenzó con una leve reacción del español, pero fue un espejismo, el tailandés rápido se hizo con el control y aplicó durísimos golpes al maño que poco tiempo antes de que terminara el asalto levantó la mano y decidió abandonar ante el asombro de los presentes. Perico Fernández alegó después del combate que “hace mucho calor y no aguanto más”.
Nadie entendió nada. A su regreso a España la Federación le sanciona y le retira la licencia por una temporada, pero para Perico todo es normal y el sigue con su vida y sus razonamientos.

A principios de 1976, la Federación le levanta el castigo y el día 3 de enero derrota en un solo asalto a Miguel Araujo, luego hace un combate gris contra Gómez Fouz, un combate feo y de escasa calidad técnica por parte de los dos boxeadores que termina en combate nulo y escándalo en el Palacio de los Deportes de Barcelona. El 27 de febrero se enfrenta en el Palacio de los Deportes de Madrid, lleno de público, a su amigo “Dum Dum” Pacheco (foto de abajo). Y de nuevo salta el escándalo. Perico y Pacheco son descalificados cuando falta un minuto para terminar el combate por el árbitro Sánchez Villar, el motivo es la falta de combatividad, en el sexto asalto el árbitro llamó la atención a los dos boxeadores. En el séptimo volvía a amonestar a los dos, y en el décimo cansado de advertirlos los descalificó. Desde el segundo asalto la gente comenzó con gritos de “tongo” y a partir del sexto comenzaron a lanzar almohadillas y otros objetos hasta llegar al final que la bronca fue mayúscula. La Federación retuvo la bolsa a los dos contendientes y la suspensión se planteó. La noche del combate, Perico y “Dum Dum” fueron sorprendidos juntos de “copas” en una famosa discoteca de Madrid.

Pacheco-Perico

Pero Perico es imprevisible, es capaz de lo mejor y de los desplantes a las que nos tiene acostumbrados. En julio de ese año 1976 se enfrenta en Zaragoza al belga Fernand Roelands, campeonato de Europa del peso ligero.  Dos minutos y medio le bastaron para arrebatar el título al belga y conquistar el título. Este es el segundo título continental que consigue después del superilgero.

Antes de finalizar el año 1976 defiende el título en Bilbao derrotando al italiano Giamcarlo Usai por puntos y a mediados del año siguiente tiene la posibilidad de vengarse del tailandés Muangsuarin, en combate por el título mundial que todavía posee el púgil asiático, que se ha vuelto un campeón sólido con innumerables defensas.

En esta ocasión Perico se mostró demasiado apático durante la pelea y al final cayó derrotado por puntos en quince asaltos en el Palacio de los Deportes de Madrid, que presentaba un aforo completo.
La pelea se desarrolló con un Perico buscando el golpe del KO que nunca llegaría y un Muangsurin golpeando y puntuando en la mayoría de los asaltos, y esa fue la tónica general del combate. En la mayoría de los asaltos Perico se encerraba en las cuerdas y esperaba que el tailandés entrara para colocar su derecha al rostro del campeón, pero se dejó pegar demasiado y el tailandés con una resistencia física fuera de lo normal capeó el temporal en las pocas ocasiones en las que Perico intentó llegarle.

Perico-Muangsurin

Al final de los quince asaltos que duró el combate, Muangsurin se adjudicó la pelea a los puntos ante el asombro general que consideraba vencedor a Perico, cierto es que el español demostró tener mejores recursos técnicos que el tailandés pero que no fueron suficientes para los jueces, que se inclinaron por el púgil asiático. Pero cuando el árbitro del combate levantó el brazo del tailandés en el Palacio de los Deportes se armó la “tángana padre”, el ring se cubrió de botes de cerveza, sillas, almohadillas, y todo tipo de objetos que se pudieran lanzar.  El árbitro señor Jay Edson fue alcanzado en la cabeza por un bote de cerveza y en los vestuarios una vez que se calmó todo, el presidente de la Federación Española Roberto Duque, manifestó que presentaría recurso al Consejo Mundial para pedir la repetición del combate al considerar injusto el resultado.

El representante del Consejo Mundial, señor Demetrio Vallado, manifestó que el resultado era inamovible, pero que Perico se había hecho acreedor a una nueva oportunidad.
El promotor del combate Martín Berrocal, que había hecho un esfuerzo económico importante al traer al campeón a combatir en España, manifestó estar contento con el resultado económico al cubrir los doce millones de pesetas del presupuesto total de la velada.

Después de esta derrota la carrera de Perico parece llegar a su fin, el boxeo pasa a un segundo plano en su vida. Perico es un hombre popular en el país, los medios de comunicación hablan de él, todo lo que hace es noticia, se casa, tiene un hijo, graba un disco, se separa,…
En febrero de 1978 pierde en Madrid contra el inglés Jim Watt, en disputa del título europeo ligero. Watt seria campeón mundial años después, luego pierde contra Fernando Sánchez, con disputa del título nacional superligero, pierde contra Oswaldo López. Firma con Enrique Soria, como nuevo mánager y entrenador y comienza una nueva etapa en su carrera profesional. Le ofrecen una pelea en Japón, y Perico gana por KO en ocho asaltos. Esta victoria parece reavivar su carrera, al año siguiente disputa catorce peleas y no pierde ninguna, hace un combate nulo y once combates lo gana por KO.

El 6 de enero de 1980 se disputa el título europeo del peso superligero, se enfrenta al zaireño nacionalizado francés Jo Kimpuani, en la clásica velada de Reyes en Bilbao, el combate está organizado por el promotor Xabier Azpitarte y Perico vuelve a ser el de las noches grises, haciendo un combate apático y sin interés, perdiendo casi todos los asaltos y la posibilidad de una pelea por el mundial.

Pero esto no sería lo peor de Perico en ese año. El 22 de julio de 1980 fue una fecha lamentable en su vida deportivo. En el trascurso del combate contra Manuel Lira el árbitro les llamo la atención por falta de combatividad y Perico golpea al árbitro dejándole KO. Primero les retiran la bolsa a los dos boxeadores, luego la federación le retiro la licencia a perpetuidad, luego por tres años, y luego le devuelven la licencia, y en seis meses volvería a combatir.

Cuando parece que su vida deportiva está llegando a su fin, de forma espectacular recupera el título nacional al vencer a Alfonso Redondo en Madrid. Con un espectacular KO que la prensa nacional airea de forma abultada, cinco meses después lo retiene también por KO contra Jesús García Marín, dos asaltos le bastaron a Perico para retener el título. De nuevo tiene otra oportunidad europea en el peso wélter. Es el único púgil nacional en disputar tres títulos europeos en tres pesos diferentes. Pero de nuevo vuelve a fallar y en otro combate sin interés para Perico, pierde contra el italiano Gianfranco Rosi.

Después de esta derrota la carrera de Perico ya llega a su fin, aunque permanecería casi tres años más combatiendo, pero casi todos los combates terminan en derrota y la bolsa es el único aliciente de Perico. El último combate lo disputa contra el malagueño Gonzalo Mencho el 30 de agosto de 1987 en Palencia.  Como profesional disputó 127 combates con 82 victorias (47 KO), 28 derrotas, 15 combates nulos y dos combates sin decisión.

Una vez retirado no se le conoce oficio ni beneficio, y sus únicos ingresos son la venta de cuadros que pinta y que vende a sus allegados. El alcalde de Zaragoza, Gonzalo Triviño, le ofreció un trabajo en el ayuntamiento de portero de un colegio. Perico le respondió que “De portero… de portero que se ponga Zubizarreta…”, portero de la selección española de fútbol de entonces.

En 1993 anunció su intención de regresar al cuadrilátero, tenía 41 años, pero la federación le negó la licencia. Tuvo cinco hijos de tres mujeres diferentes, pero no tuvo relación con ninguno. En 2011 está desamparado, no tiene domicilio conocido y duerme gracias a un amigo, José Luis Mariscal, que regenta un Club de alterne, en una habitación cuando cierra el local. En 2012 se le organiza un homenaje en Zaragoza, al que asisten gran número de amigos y aficionados, entre los que se encuentran José María García, Ángel Nieto, José Legra o Alfredo Evangelista. Se consigue una buena cantidad de dinero y que el ayuntamiento de Zaragoza le habilite un piso.

Primero fue ingresado por neumonía y después por Alzheimer y diabetes, siendo trasladado al hospital neuropsiquiátrico del Nuestra Señora del Carmen en Zaragoza falleciendo el 11 de noviembre de 2016. Pero Perico sigue vivo en la memoria de los aficionados al boxeo y al deporte en general.