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Se ha hecho oficial el rumoreado combate entre Mario Barrios (29-2-2, 18 KO) y Ryan García (24-2, 20 KO) por el título mundial welter del WBC. Tendrá lugar el sábado 21 de febrero en el T-Mobile Arena de Las Vegas como parte del evento principal de “The Ring: High Stakes”, gala que se emitirá en directo en DAZN en pago por visión. La confirmación oficial, siendo esperada como hemos ido informando, ha generado una avalancha de reacciones encontradas en la comunidad del boxeo. La pelea, organizada por Golden Boy y PBC, enfrentará a Barrios, campeón, con un García que vuelve a colocarse en un escaparate privilegiado a pesar de no haber ganado ninguna pelea como wélter (viene de perder ante Rolly Romero) y de arrastrar un positivo por dopaje en su historial reciente. Barrios llega como un habitual en combates de alto nivel como el que le enfrentase a Manny Pacquiao, circunstancia que luego analizaremos, mientras que García, pese a su talento natural y su evidente tirón mediático, llega tras un periodo marcado por la inestabilidad y las polémicas externas al ring. Este contraste, lejos de ser anecdótico, es precisamente el foco del malestar que muchos aficionados y analistas han manifestado desde que la noticia se hizo oficial.

La crítica principal recae en el WBC y en su forma de gestionar las oportunidades. A diferencia de otros boxeadores que deben escalar en los rankings y ganar eliminatorias duras para optar a un título, García ha vuelto a saltarse todos los filtros sin respaldo deportivo claro. Su ascenso a un combate titular no se justifica por méritos recientes y, para muchos, contradice cualquier intento de mantener un criterio coherente dentro de la división. Con el californiano parece imponerse la lógica del espectáculo sobre la deportiva, y más al haber pasado por el episodio de dopaje por el que fue sancionado e indultado, y el organismo muestra una flexibilidad que no aplica a otros aspirantes con mejor momento, actividad y trayectoria en la categoría, además de pagar generosas tasas en títulos intermedios.

El caso se agrava porque existen contendientes en ranking que llevan más tiempo esperando una oportunidad legítima, cumpliendo con rivales duros y manteniéndose disciplinados dentro del sistema. Ver cómo un boxeador que no ha demostrado ni rodaje ni victorias convincentes en el peso pasa por encima de ellos alimenta la percepción de que el WBC prioriza más el volumen de atención mediática que la justicia competitiva. Para colmo, García acumula episodios poco profesionales fuera del ring, desde ausencias prolongadas hasta declaraciones erráticas y racistas en redes, lo que hace aún más difícil entender por qué recibe otra oportunidad de este calibre sin haber limpiado antes su imagen deportiva.

Aun así, el combate tiene un interés evidente y Barrios no es responsable de la situación, aunque le ha vuelto a tocar la lotería a nivel de bolsa a cobrar, como con Pacquiao o, anteriormente, Gervonta Davis. El estadounidense es un campeón serio, disciplinado y consistente, que ha aceptado desafíos complejos y que ha dado buenas actuaciones contra grandes nombres. Sin embargo, fue ascendido a campeón por el Consejo Mundial en los despachos tras un título interino frente al discreto Fabián Maidana, cinturón que ha conservado con dos pírricos empates en sus defensas mundiales. He aquí otro ejemplo de un púgil, igual que otros como George Kambosos, cuya habilidad sobre el ring no se corresponde con los millones de su cuenta corriente.

El anuncio, por tanto, es una mezcla de atractivo mediático y frustración deportiva. A nivel de espectáculo, generará conversación, ventas y atención global. A nivel pugilístico, vuelve a desnudar un problema estructural del boxeo moderno: los organismos sancionadores permiten que la popularidad pese más que los méritos reales, dañando la credibilidad de sus rankings y dejando a los aspirantes legítimos en un callejón sin salida. El Barrios-García será un combate que mucha gente verá, sí, pero no el duelo que la categoría pedía ni el que la lógica competitiva dictaba.