
@ringsider2020
Como ya hemos recapitulado en ESPABOX, el estadounidense Brandon Figueroa (27-2-1, 20 KO) consiguió una espectacular victoria en Liverpool (Inglaterra), donde derrotó por KO en el duodécimo asalto a Nick Ball (23-0-2, 13 KO). El texano arrebató al local la corona mundial WBA del peso pluma, después de once asaltos muy disputados que parecían destinados a la lectura de las cartulinas.
Un gancho de Figueroa precipitó las acciones, derribando con estrépito a Ball cuando solo se llevaban ocho segundos de ese último round, a la postre decisivo. Fue un golpe de KO, pero el pequeño púgil británico demostró un gran corazón al intentar levantarse. Ayudado por un sospechoso habitual como Steve Gray, que le concedió 15 segundos y le realizó varias preguntas al quebrantado Ball, probablemente ya lejos de las condiciones idóneas para seguir en el cuadrilátero, pudo continuar… pero llegó lo inevitable.
Figueroa descargó una combinación de golpes arriba y abajo de la anatomía de un rival ya a su completa merced, lanzándole fuera del ring entre la segunda y tercera cuerda totalmente ido. Gray decretó el fuera de combate y la euforia llegó al equipo de Figueroa, que invadió el ring en la habitual piña de celebración. Aunque luego se ha sabido que el estadounidense lideraba dos de las tres cartulinas, podía preverse que el local iba a ser más favorecido por los jueces (nuestra puntuación era, de hecho, 6-5 para Ball). Con ello, el «Heartbreaker» se convertía en campeón mundial en su tercera etapa.
Con Ball ya recuperando fuerzas poco a poco y totalmente consciente, un empleado de seguridad mandaba al Team Figueroa a su esquina para celebrar de manera más controlada; codo normal, hasta aquí. Con los foráneos ya en su rincón, el primero en no actuar correctamente fue Lee Eaton, ahora matchmaker de Queensberry Promotions y, durante muchos años, promotor principal de la extinta y oscura MTK. Eaton recriminó, cuando ya estaban en su rincón, la actitud a los miembros del equipo del texano.
Pero la actuación más deleznable de la noche fue la de Andrew Cain. El de peso gallo, también de Liverpool y cercano a Ball, había vencido en uno de los combates preliminares de la noche, pero perdió toda la decencia cuando, aprovechando la confusión y su pequeña estatura, se metió entre los miembros de seguridad para propinar una patada a algún miembro del equipo de Figueroa. Reseñaremos aquí que Eaton, ahora sí, ayudó a apaciguar los ánimos, pues algún otro joven más de la esquina de Ball quiso batallar con la de Figueroa, con el empleado de Frank Warren evitándolo. Por suerte, la sangre no llegó al río, pero el comportamiento del equipo británico fue de malos perdedores, no aceptando de buen grado el desenlace deportivo de la noche.





