Moloney-Franco

El pasado sábado 14 de agosto, los hermanos Andrew y Jason Moloney encabezaron una velada en Tulsa (Estados Unidos). Andrew (21-2, 14 KO) cayó derrotado en el peso supermosca ante Joshua Franco en el cierre de su particular trilogía, mientras que Jason (22-2, 18 KO) salió victorioso en el gallo contra Joshua Greer.

Las peleas físicas no han sido las pruebas más duras que los Moloney han tenido que afrontar en estas últimas semanas. Desde que volvieron a pisar Australia, se han visto forzados a pasar catorce días encerrados en una habitación de hotel en Sidney. Y podría ser peor, ya que, al ser miembros de la misma familia, se les permite compartir cuarto, algo que no sucede con su mánager, Tony Tolj, que cumple la preceptiva cuarentena en la estancia adyacente.

Son tan estrictas las medidas tomadas por las autoridades australianas que, incluso, no les suministran una llave de la habitación en la que permanecen, por si existiera la tentación de salir a caminar por el pasillo; les dejan la comida, tampoco salen para consumirla. Su única ventana con el exterior es un balcón al que tienen como salvación para su particular salud mental, porque las dos cuarentenas anteriores (en junio y noviembre de 2020) tras pelear en Estados Unidos no dispusieron de él; así, también pueden salir a hablar con Tolj, a quien tener la posibilidad de contacto personal le sentará aún mejor que a los Moloney, al encontrarse en solitario.

A punto de terminar y volar a sus domicilios tras dos semanas eternas, comentan con cierto alivio y quizás ironía que «la última vez, fue como una cárcel, no había aire fresco en la habitación, ni siquiera tuvimos la opción de abrir una ventana y fue muy duro. Esta vez, el balcón nos ha salvado la vida; no es solo por las vistas de Sidney, es por respirar».

La evolución de la pandemia ha sido curiosa en el país oceánico; cuando esta parecía casi erradicada dentro de sus fronteras por unas medidas iniciales más que férreas, y el gobierno no tenía ninguna prisa por dicho motivo en la etapa de vacunación a sus pobladores; esto fue así hasta que, el pasado mes de junio, un conductor de limusina que desplazaba a pasajeros del aeropuerto a hoteles extendió la variante delta en la zona de Sidney, tras ser contagiado por alguno de sus pasajeros. Fue una zona que políticamente se había desmarcado del resto del país, lo que ha terminado por elevar los niveles de covid en toda Australia a parámetros no vistos durante el último año y medio.