José Manuel Moreno
@josemorenoco

La vuelta de James «Mandingo Warrior» Kirkland no defraudó a nadie. Es más, en un fin de semana, el pasado, plagado de grandes combates y campeonatos del mundo, al final, el más comentado es el del regreso de James Kirkland, tras 20 meses de ausencia de los cuadriláteros, enfrentado a un estimable púgil como Glen Tapia, invicto y boxeando en casa, en Atlantic City, Nueva Jersey. Este salió en tromba, plantándole cara a Kirkland, pero a partir del segundo round, y a pesar de esporádicas reacciones meritorias de Tapia, fue un festival de boxeo en la corta distancia del texano de 29 años. Golpes y más golpes, y casi todos alcanzaban su destino.

Un dato para empezar: durante el tercer asalto, Kirkland lanzó 132 golpes y Tapia, 71. ¡En tres minutos! Kirkland no es pugilista de mano pesada. No es Thomas Hearns. Pero es un «pesado» casi imparable cuando mete los puños una y otra vez, sin descanso. Al cuerpo. A la cara. Insoportable para cualquiera. A menos que se mida a alguien de su nivel. La pelea se acabó cuando a los 35 segundos del sexto asalto, el veterano árbitro Steve Smoger se abrazó como un padre a un hijo desvalido, a un «Jersey Boy» absolutamente abatido, incapaz de soltar una sola mano ante una ametralladora como la que tenía enfrente. 644 golpes totales en cinco asaltos y 35 segundos por parte del texano y 437 del natural de Nueva Jersey.

Algo esclarecedor: de esos 644 golpes conectados, 572 fueron de «poder», algo inhabitual pero reflejo de una pelea desarrollada toda ella en la corta distancia. En definitiva, una candidata a pelea del año, por la contundencia del ganador y el aguante del perdedor, una nueva epopeya de este espectacular deporte.