José Manuel Moreno
@josemorenoco

Ante más de 80.000 enfervorizados seguidores que llenaron el mítico y remozado estadio de Wembley, Carl Froch (33-2, 24 KO) se impuso por KO en el octavo asalto a su compatriota George Groves (19-2, 15 KO) en combate de revancha del combate de hace seis meses en Manchester, tras el que quedaron serias dudas sobre la decisión del árbitro de la pelea a la hora de detener el pleito en el noveno asalto, cuando Groves iba por delante en las cartulinas. Esta vez las cosas fueron más claras, a pesar de la igualdad del combate. Froch ha ganado en muchas ocasiones gracias a su mortífera pegada (recuerden la victoria in extremis sobre Jermain Taylor) y esta vez volvió a hacerlo, con un uno-dos de libro rematado con un descomunal directo de derecha que envió a Groves a la «habitación del sueño» entre el alborozo de los seguidores de la «Cobra» y la desazón de los fans de Groves.

Froch se adjudicó los primeros asaltos, pero la gran condición física de Groves y su mayor precisión a la hora de golpear estaban igualando tremendamente el combate, hasta que llegó el desenlace, faltando 17 segundos para finalizar el octavo round. El show final fue igualmente divertido, cuando Froch, en pleno éxtasis, pidió matrimonio en el centro del ring a su novia, ante el delirio del público, en uno de los mayores aforos en eventos boxísticos de la historia en el Viejo Continente. Froch retuvo su coronas del supermedio de la IBF (el campeón de la WBA es Andre Ward, como supercampeón)… y consiguió una esposa. No fue una mala noche para él.