Christian Teruel
@Chris_Le_Gabach

Hace ya mucho tiempo que los cinturones de campeón mundial han perdido su valor. De ser algo prestigioso y con una cotización incalculable, a ser comunes y vulgares, bajando su cotización a mínimos. Un mero objeto víctima de la especulación. Igual que los tulipanes en los Países Bajos en el siglo XVII, donde debido a la avaricia, el negocio de compraventa de estas flores y sus semillas produjo una crisis que llevó a la ruina a miles de personas. Algo exclusivo se transformó en un producto con valor cero. Porque ya no solo se trata del overbooking de organismos, si no la saturación de títulos concedidos. Así, hoy se sufre de decenas de monarcas interinos, regulares, diamantes o cualquier otra definición que se le ocurra a cualquier gerifalte para lucrarse y depreciar el noble arte.

El espectáculo que brindan los actuales poseedores de tal honor y sus aspirantes a veces tampoco suma. Ya sea por culpa de promotores a la hora de organizar peleas desigualadas, los organismos con sus listas o de las decisiones en la carrera de los propios púgiles. Además, hoy en día el público puede encontrar muchos combates muy interesantes e igualados, sin nada en juego más que la bolsa, el ranking o fajas regionales. Ahí tenemos el Baranchynk–Zepeda del año pasado o el Cheeseman–Metcalf por el cinturón Lonsdale al mejor del Reino unido como recientes ejemplos, entre otros. Y la trilogía de Gatti¬contra Ward siempre en la memoria.

Siempre podemos encontrar agradables excepciones, como el peleón que nos brindaron el Gallo Estrada y Chocolatito González por los campeonatos mundiales WBC y WBA supermosca. Pero como el que añade Coca Cola a un Johnny Walker etiqueta azul, la WBC ya quiere estropear un gran evento agregando intenciones sin sentido a la inmediata revancha entre ellos. Y es que tras nombrar campeón franquicia al Gallo, solo estaría en juego el cinto WBA. Esto se debe al sacar rédito de otra pelea, Sor Rungvisai–Cuadras, a la que han sancionado como mundial WBC supermosca, algo que tampoco le hacía falta para hacerla atractiva. Como los conocedores de whisky, los buenos aficionados no mezclarán circunstancias y valorarán las contiendas por sus ingredientes primordiales: los peleadores.

Así que al igual que las instituciones solo miran por su riqueza, los aficionados deberíamos mirar por la nuestra: la de disfrutar de la técnica y coraje de los boxeadores sin dar importancia a los cetros. Como acertadamente apuntó Eddie Hearn sobre el pelito entre Joshua y Fury, si es por todos los títulos bien, pero no dolerían prendas si había que dejar vacante alguno. Porque lo importante de verdad es hacer el combate que los fans quieren. Y yo añado, porque el único cinturón que deberíamos considerar es el que sujeta nuestros pantalones.