Hace unos días, se filtraba que Eddie Hearn había realizado una jugosa oferta “de ocho cifras” a Gervonta Davis para pelear en Reino Unido contra Connor Benn.

Davis, un superpluma natural que pelea en el peso ligero por cuestiones económicas y porque en su promotora hay mayor variedad de oponentes, debería haberse medido a un púgil a quien el peso wélter se le queda pequeño y estuvo, justo antes del escándalo del dopaje, a punto de combatir como peso medio. A ello hay que unirle los problemas de Benn para pelear en Reino Unido por la prohibición aún existente sobre él y las trabas legales del varias veces detenido Gervonta para abandonar Estados Unidos.

Todo indicaba que era un duelo imposible, pero desde el entorno británico hartaron a un Davis que publicó en redes mensajes privados, algo siempre censurable, para demostrar que la oferta de ocho cifras era, efectivamente, la más baja posible, diez millones. Sí que es cierto que se le ofrecía un plus por las compras en PPV, algo que tampoco sedujo al de Baltimore.

Hearn sigue tirando con bala a un Davis que es víctima, una más, de la mala gestión de PBC a la hora de mover a sus púgiles, ya que no le puede ofrecer lucrativas peleas por la situación audiovisual, sin contrato que cubra el gasto, ni permite que habitualmente sus boxeadores salgan a intercambiar cuero con los de otras promotoras. El perro del hortelano en su máxima aplicación al boxeo. Para el jefe de Matchroom, “Davis podría haber cobrado de 15 a 25 millones con el bonus del pago por visión y la taquilla. En mi oferta, la pedía sentarnos a la mesa para explicarle esos conceptos por los que podría ganar mucho dinero, pero ni siquiera quiso hablar porque es un chico muy mal aconsejado. No entiende qué significa eso, así que debería haber aceptado charlar y le habríamos explicado todas sus posibilidades financieras”.