Christian Teruel
@Chris_Le_Gabach

Son innumerables las ocasiones que hemos escuchado a peleadores decir que llevan luchando desde que nacieron. Sin embargo, pocos como Dillian Whyte pueden afirmar esto de forma literal. Y es que al peso pesado y a su madre les tocó lidiar con una tormenta provocada por un huracán en su Jamaica natal, que arrancó el tejado de su casa en medio del parto. Su madre, de la que posiblemente heredó el carácter luchador, consiguió resguardarse debajo de una mesa para acabar de dar a luz al futuro boxeador.

Para labrar un futuro mejor a su familia, la madre de Whyte emigró a Londres, dejándolo bajo el cuidado de distintas familias, comunicándose con su madre con escasas llamadas de teléfono y cartas que no podía leer porque no sabía. Porque Whyte no tenía tiempo para estudios. El dinero que llegaba desde la capital británica no era suficiente o se extraviaba en los bolsillos de esas familias que lo cuidaban. Así que le tocaba buscarse la vida en la playa recogiendo botellas de Fanta y Coca-Cola que luego vendía para reciclaje. Sacando lo justo para comprar unas chucherías, lo más accesible que podía permitirse. Y eso cuando llegaba. Porque si no lo hacía, podía tirarse días sin comer.

Tras tantas penurias, con doce años, emprende el viaje al sur de Londres y el reencuentro con su madre, lejos de ser tan romántico como el final de la serie de anime Marco, fue sólo subir un escalón más de dificultad y de nuevos problemas. Su acento jamaicano y su forma de hablar, sumado a las pintas, le hacen objeto de burlas y abusos. Y ahí es donde comienzan las primeras batallas físicas de Whyte. Y es que, en el Brixton de la época, si eres cordero, la manada de lobos te come, y Whyte tuvo que convertirse en uno para combatirlos.

Esto le llevó a meterse en el mundo de las bandas, muy habitual en Londres, sobre todo en aquellos tiempos, algo que muchos jóvenes como él sólo hacen para poder encajar en algún grupo. Eso le introduce en una espiral de guerras urbanas, violencia y riesgo por la vida. No obstante, para Dillian eso no era suficiente embrollo, así que su realidad se complicó al convertirse en un padre adolescente de 13 años.

Durante su etapa de pandillero, Whyte sufrió lo que es de verdad una vida de gangsta de la que tanto presume tu rapero favorito pero que en realidad no ha vivido. Y es que el Dillian, aparte de sus récords en peleas, tiene otro más escabroso. En él, cuenta con un secuestro, apuñalamientos y hasta ser tiroteado. Una de las veces, llega incluso a ser alcanzado por una bala en la pierna, que el mismo se sacó y curó. Demasiado lío ir al hospital. En esa época, pensaba que era guay el rollo de estar en guerras de bandas y el estar en prisión, pero como él mismo reconocería también, eso es de tontos. Y bien que tuvo la ocasión de averiguarlo cuando tuvo que pasar por el presidio mientras esperaba un juicio por una causa que le pedían veinte años.

Ante semejante marrón y las lágrimas de su madre al ver como todo lo que luchó por el bien de su hijo se iba por el desagüe, Whyte reconsideró su estilo de vida. Empezó a practicar boxeo y kickboxing, algo que le ayudo a canalizar su rabia y agresividad, mientras se pluriempleaba para salir adelante. Y se le dio bien porque llego a ser campeón británico del peso pesado en kickboxing dos veces y llegó a acumular un récord de 20-1 en K1.

En 2009 se pasó al boxeo donde en su primera pelea amateur tiró en el primer round para luego ganar la pelea a un tal Anthony Joshua. Tras unas peleas en las que incluso dejó en coma a un rival después de noquearlo, una disputa con la ABA le obliga a pasar a profesional en 2011 alegando su pasado en kickboxing. En 2012, le caen dos años de suspensión por dar positivo en una sustancia prohibida: methylhexaneamine (MHA). Él afirma que fue erróneamente al tomarlo con un suplemento nutricional. Apeló un año después, siendo mantenida la sanción a pesar de que el tribunal falló a su favor.

Después, lo que todos conocemos: sus guerras con Joshua (esta vez en profesional), Chisora (dos veces), Parker, otro positivo del que salió airoso al no encontrarse la prueba B, la derrota por nocaut y posterior venganza con Povetkin… Y tras mil días como aspirante al cinturón WBC y otros mil pleitos con la misma organización por no cumplir con su estatus de aspirante obligatorio, parece que llega su oportunidad contra Tyson Fury. Si se resuelven las negociaciones de la bolsa, se ponen de acuerdo los promotores antagonistas (Eddie Hearn por parte de Whyte y Bob Arum y Frank Warren por la de Fury), se programa sede y fecha y si la pandemia lo permite. Como Sísifo, veremos si esta vez el hijo de la tormenta alcanza la cima de la montaña tras un tortuoso y largo camino o debe empezar desde el principio.