Daniel Pi
@BastionBoxeo

En cualquier medio boxístico estadounidense al que se acuda se encontrarán estos días vagones de noticias sobre Julio César Chávez Jr. y su rechazo a realizar un test antidopaje y la consecuente pugna entre el promotor Eddie Hearn y la Comisión Atlética del Estado de Nevada por el deseo del empresario de evitar una suspensión del púgil trasladando su próxima pelea al estado de Arizona.

Ciertamente, la negativa a hacerse un test por parte de Chávez ha implicado, teniendo en cuenta sus dos positivos en antidopaje anteriores, que se piense, lógicamente, que habría dado positivo una tercera vez si no hubiese rechazado esta prueba. Con todo, aunque perfectamente se podría hablar ya de buscar prohibir definitivamente a Chávez Jr. que se suba a un ring, resulta muy curioso que en Estados Unidos no se haya dedicado ni una sola línea a otro test no realizado a su oponente, el norteamericano Daniel Jacobs (a la izquierda en la imagen).

Según ha revelado su propio promotor Eddie Hearn cuando intentaba quitarle brasa a la negativa a hacerse un test de Chávez, los analistas de VADA (Agencia Voluntaria Antidopaje) se presentaron en la ciudad de Atlanta a realizarle un test sorpresa a Jacobs pero este afirmó que estaba en Nueva York y eludió la prueba.

Una vez más, al igual que pasó con los hermanos Charlo, un boxeador al que multitud de personas acusan de dopaje como a Jacobs (muchos no consideran natural, entre otras cosas, su capacidad de rehidratación monstruosa) dio la casualidad de que no se hizo el test cuando era emplazado a ello. Nuevamente, se intentan encontrar excusas de lo más variadas, apuntándose a que como no había firmado un contrato de pelea todavía no había dado sus localizaciones, pero lo cierto es que Jacobs está inscrito en el Programa de Boxeo Limpio del WBC, conducido también por VADA, y en teoría debería indicar dónde va a estar, por lo que cualquier justificación al no declarar su ubicación resulta absurda.

Por otro lado, no podemos hacer del boxeo una excepción si en todos los deportes siempre se tiene que declarar la ubicación (puntal de la lucha antidopaje) y en la mayoría de ellos perderse un test está sujeto a las mismas sanciones que haber dado positivo. Asimismo, se podría llegar a alegar que unas cuantas horas más tarde finalmente Jacobs terminó haciéndose el test, pero hay que recordar que los expertos en dopaje señalan que es increíblemente fácil evitar un positivo si se conoce a qué hora se va a realizar la prueba.

Finalmente, una cuestión clave es cómo es que Jacobs todavía quiere enfrentarse a Chávez y no ha puesto el grito en el cielo o ha solicitado tests aún más severos a pesar de saber que su rival al rechazar un test podría estar dopado.

De todos modos, si se le diese el beneficio de la duda a Jacobs quedaría todavía saber cuál es el motivo de que los mayúsculos conglomerados de noticias estadounidenses no hayan dicho ni siquiera una palabra de este test perdido por parte del excampeón del peso medio cuando su propio promotor lo ha explicado en una entrevista en un conocidísimo canal de YouTube.

Esto es debido esencialmente a que en el boxeo, como en todos los demás deportes, hay intereses político-sociales y económicos. Dicho de otro modo, a los grandes medios estadounidenses no les interesa hablar de que al llamado “Hombre Milagro” (Miracle Man) por superar un cáncer, protagonista de una historia de superación que encandila a la prensa y a los políticos de su país, haya podido evitar un control para no dar positivo en test antidopaje, cosa que de difundirse podría mermar su imagen de héroe y los dividendos que reporta. En cambio, si los medios prestan tantísima atención al último fallo de Chávez cuando el 95% de los casos de dopaje presentes y pasados apenas suponen una única mención, es por el simple hecho de que saben que el nombre del mexicano todavía vende, tanto para positivo como para negativo.

Y es que, además de tener un grupo de fieles seguidores más numeroso de lo que se cree que defiende hasta la más indefendible de sus actuaciones y que querrá leer lo que de él se dice, muchos (tanto periodistas como aficionados) se mueven por el morbo que les produce ver caer a Chávez Jr. a un pozo cada vez más profundo, cosa que no es exclusiva de este boxeador. Sólo se tiene que pensar un poco para recordar la cantidad abrumadora de páginas dedicadas a deportistas de todo tipo que, considerados antihéroes, han recibido constantes recordatorios de sus fracasos, engrosando las cuentas de los grandes medios y atrayendo a los lectores.

Esto de ningún modo es una defensa de Chávez Jr., que lo mejor que podría hacer, por el bien del boxeo y por el suyo, es abandonar de una vez por todas su carrera pugilística, que lleva años siendo esperpéntica por su falta de ética, disciplina y profesionalidad, cosa que le ha convertido para muchos en una de las mayores decepciones del siglo XXI. Además, por encima de todo esto, sus recurrentes problemas con el dopaje le hacen un sujeto indeseable sobre un cuadrilátero, más aún habiendo una epidemia reciente de lesiones graves o incluso fallecimientos que, en algunos casos al menos, podrían llegar a vincularse con el dopaje. Pero se debe ser honesto y dedicarle a todos los casos la debida atención y no ser subjetivo por diversos intereses, especialmente si estos son ajenos a lo deportivo.