Javier Royo
@JavRoyo

Nada más echar a andar el siglo XX el resultado de un combate de boxeo provocó tal resonancia mediática que hay que remontarse a 1892, cuando Jim Corbett derrotó a John L. Sullivan, para encontrar un antecedente que lo superara en trascendencia. El 9 de enero de 1900 ‘Terrible’ Terry McGovern y George ‘Little Chocolate’ Dixon se encerraron en un ring en el Broadway Athletic Club de Nueva York para desatar un asombro generalizado. La pelea que enfrentó a dos renombrados gladiadores, ambos ingresarían en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo el mismo día de su inauguración en 1990, está considerada como el primer gran combate del pasado siglo.

Los protagonistas
George Dixon nació en 1870 en Halifax, Nueva Escocia. En aquellos años Nueva Escocia era la provincia que albergaba mayor población negra de Canadá. Muchos de sus residentes eran descendientes directos de antiguos negros norteamericanos que fueron ayudados por Gran Bretaña a escapar a Canadá tras haber apoyado a los británicos en la guerra de Independencia de los Estados Unidos.

Dixon debutó profesionalmente en su país con 16 años pero al año siguiente se mudó a Boston donde disputó sus siguientes peleas. En su combate número 12 contra Hank Brennan el árbitro no pudo determinar un ganador después de las 12 rondas programadas y ordenó dos asaltos adicionales. Aún así, después del añadido no pudo dilucidar el ganador y la pelea acabó decidida por sorteo. Habría tres revanchas más que se resolvieron de la misma manera, en la última llegaron a disputar hasta 26 asaltos. En esa época, los sorteos (decisión de los periodistas que cubrían el evento) eran por desgracia masivos, al punto de que algunos luchadores terminaron sus carreras con más resultados dictaminados por la prensa que victorias y derrotas juntas decididas por el árbitro.

La carrera de Dixon despegó como un proyectil cuando se convirtió en su representante Tom O’Rourke. Nacido y criado en Boston, O’Rourke cumple fielmente con el arquetipo del conquistador del sueño americano. Empezó a trabajar de yesero y acabó convirtiéndose en una de las personas más influyentes del boxeo de la época, gracias a que explotó con inteligencia las conexiones políticas que fue labrando en su carrera como promotor y representante.

Durante un tiempo, O’Rourke llegó a controlar los cuatro clubes de boxeo más importantes de Nueva York. Dirigió a los dos mejores boxeadores negros de la década de 1890, George Dixon y Joe Walcott, y además promovió varias peleas del gran peso ligero negro Joe Gans. A pesar de esto, O’Rourke no fue un adalid de la igualdad entre razas sino que sus decisiones las tomaba siguiendo el más estricto pragmatismo. Sólo hay que recordar que fue uno de los principales agentes que buscaron a la Gran Esperanza Blanca, cuando Jack Johnson ganó el título de peso pesado, para que los blancos recuperaran el cinturón que les pertenecía, como decían en la época, por la superioridad que se les presuponía sobre las demás etnias.

Dixon obtuvo el título mundial de peso pluma al vencer a Nunc Wallace por TKO en el asalto 19 en Londres en 1890, convirtiéndose en el primer campeón negro de la historia moderna del boxeo. Los organismos reguladores de entonces tomaban decisiones menos rigurosas que ahora ya que durante el resto del siglo, ‘Little Chocolate’ fue reconocido como el campeón mundial de peso pluma, a pesar de sufrir dos derrotas, ambas a los puntos, en combates, a priori, con el título mundial en juego. Como todas las categorías de peso en aquella época, la división pluma no tenía un límite fijo. En su pelea con Wallace el peso máximo era de 114 libras (51,7 kilos) y en algunos combates posteriores por el título está documentando que llegó a dar hasta 125 (56,7 kilos) en la báscula. La fama de Dixon creció con cada defensa exitosa que realizó del título hasta ser considerado un boxeador invencible.

Terry McGovern
Diez años más joven que George Dixon, Joseph Terrence McGovern nació en Johnstown, Pensilvania, pero sus padres se mudaron a Brooklyn antes de que cumpliera un año. McGovern creció en la cuarta ciudad más grande de Estados Unidos antes de que en 1898 pasara a formar parte de Nueva York.

Los McGoverns vivían en el sur de Brooklyn en un área poblada mayoritariamente por inmigrantes irlandeses. Muchos de ellos trabajaban en la ribera del canal Gowanus, un lugar que registraba altos niveles de contaminación. A pesar de ser una zona muy dura donde vivir era una comunidad muy unida, ya que sus habitantes mantenían fuertes vínculos entre ellos.

El padre de McGovern murió cuando Terry tenía 14 años. Tres años más tarde, después de trabajar como vendedor de periódicos y en un almacén de madera, McGovern debutó como profesional en Brooklyn en una pelea a 10 asaltos contra un oponente igual de inexperto que él. Terry fue descalificado en la cuarta ronda. Al año siguiente fue descalificado nuevamente, esta vez en el asalto 11 en una pelea programada a 25 asaltos contra Tim Callahan, un boxeador de primera fila de Filadelfia. Estas serían sus dos únicas derrotas antes de que peleara con George Dixon.

McGovern luchó contra Callahan tres veces en un lapso de cuatro meses. Su segundo encuentro que fue a 20 asaltos acabó en empate y en su tercer enfrentamiento noqueó a Callahan en la décima ronda. Entre medias de estas dos peleas, el productor teatral Sam H. Harris adquirió el contrato de McGovern. El magnate de Broadway le legó el contrato a su colaborador habitual George M. Cohan, dramaturgo, compositor y actor muy prolífico, y éste a su vez confió a Joe Humphries, el más prominente locutor de Nueva York, la representación de Terry. Como sucedió con George Dixon, McGovern acabó respaldado por gente muy influyente.

Las primeras ocho peleas de McGovern fueron a la distancia, pero a medida que su boxeo maduraba empezó a convertirse en un noqueador reincidente. Antes de encerrarse con Dixon, logró 13 victorias consecutivas por KO, 11 de ellas en los primeros tres asaltos. El más notable fue el que le infligió en la primera ronda al invicto Pedlar Palmer, un famoso boxeador inglés que llegó a Nueva York con la vitola de ser un púgil imbatible, con el cinturón mundial gallo en liza. Fue la primera pelea por un título mundial bajo las reglas de Queensberry que terminó en la primera ronda. La actuación de McGovern tuvo que despertar entre los aficionados reacciones semejantes a la que produjo Mike Tyson cuando aniquiló en 91 segundos a Michael Spinks en 1988.

Después de esta pelea, los reporteros agotaron todos los calificativos para describir el estilo de lucha de McGovern. Según Charley White, prominente árbitro y toda una autoridad pugilista, era “una tormenta eléctrica, un cañón Krupp y una ametralladora Gatling a la vez”. Pero a los ojos de muchos entendidos, sin cumplir siquiera 20 años, Terry era muy inexperto todavía para superar a George Dixon. Y es que ‘Little Chocolate’ hasta la fecha había disputado más de 800 asaltos y solo había sido derribado una vez.

El combate
La arena del Broadway Athletic Club tenía una capacidad para cuatro mil espectadores pero al final 4800 fanáticos lograron apiñarse dentro del recinto para ver la pelea y al menos 2400 se quedaron fuera.

Dixon comenzó el combate imponiendo su autoridad. Durante los cuatro primeros asaltos exhibió la velocidad de sus mejores tiempos y fue superior en la larga distancia. El insistente impacto de los veloces puños de Dixon tambalearon a McGovern media docena de veces hasta el final de la sexta ronda. Pero el irlandés a pesar de su notoria inferioridad inicial perseveró impasible en su estrategia: trabajar el cuerpo con el objetivo de ir desgastando poco a poco a su rival.

En la séptima ronda el trabajo previo de McGovern se reveló tan efectivo que pasó de ser presa a cazador. Uno de sus golpes conectados en esta ronda quebró la nariz de Dixon, provocando que el boxeador negro sangrara profusamente. En el siguiente asalto Terry castigó a un Dixon ya sentido por todo el ring, derribándolo hasta cinco veces antes de que Tom O’Rourke, consciente del peligro que implicaba la continuidad de las acciones, arrojara la esponja. Fue el corolario al “enfrentamiento más vibrante y sensacional en el peso pluma que se haya visto en este país”, según afirmó el editor de deportes del New York Evening World, Robert Edgren, quien sería uno de los portadores del féretro de McGovern en su entierro.

¿Qué pasó después?
Los reporteros escribieron sobre el combate asumiendo la derrota de George Dixon como el desenlace final de su carrera. Muy lejos de esta suposición entabló 76 enfrentamientos más, 48 de ellos en Inglaterra, antes de retirarse en 1906 con un bagaje de 1744 asaltos disputados en toda su trayectoria.

Trece meses después de su última pelea, George ‘Little Chocolate’ Dixon, aclamado en su día como el mejor púgil de peso bajo que jamás se había visto, murió solo y en la indigencia en el Hospital Bellevue de Nueva York. El alcoholismo acabó con su vida cuando contaba sólo 37 años.

Veintitrés meses después de destronar a George Dixon, Terry McGovern perdió su título de peso pluma tras ser noqueado en la segunda ronda por William Rothwell, un peleador poco conocido de Denver que cambió su nombre por el de Young Corbett II. La actuación de McGovern, considerado uno de los púgiles con más carisma y, en previsión, mejor trayectoria futura, provocó un disgusto colectivo entre los aficionados. Terry siguió boxeando los siguientes cinco años y medio, salvo alguna excepción, en pequeñas peleas a seis asaltos en las que nunca se llegó a la decisión.
Al finalizar su carrera McGovern inició un proceso de demolición personal. Despilfarró gran parte de las ganancias obtenidas en el boxeo apostando a las carreras de caballos de Coney Island. En 1907, su agónica situación económica movió a su promotor Sam Harris a organizar una serie de veladas benéficas para ayudarle. Su salud se fue deteriorando hasta ingresar en un sanatorio mental en Stamford, Connecticut, iniciando un periplo de entradas y salidas de clínicas que se prolongaría a lo largo de sus diez últimos años de vida.

El 20 de febrero de 1918 ingresó en el Kings County Hospital de Brooklyn. Dos días después fallecería a los 37 años, la misma edad de defunción que tuvo su antagonista George Dixon, el boxeador que le proporcionó la mayor de las glorias boxísticas alcanzadas en toda su carrera.