Redacción ESPABOX

La Asociación Mundial de Boxeo (WBA) lleva años vendiendo una reforma que, a juzgar por sus propias decisiones, no tiene demasiadas ganas de aplicar. En julio de 2023 anunció oficialmente que su plan de reducción de títulos había conseguido dejar un solo campeón en doce de las diecisiete categorías masculinas y que trabajaba para resolver las cinco restantes. Tres años después, los absurdos y dañinos cinturones regulares siguen proliferando, las divisiones vuelven a tener campeones paralelos y para colmo el organismo ha extendido la fórmula también al boxeo femenino. La promesa de acabar con el problema se ha convertido en una broma de mal gusto. La WBA creó hace aproximadamente 15 años el título de Supercampeón, patraña para tener dos campeones a la vez y cobrar el doble, y además tener la infame figura del Campeón Regular.

La nota de prensa de 2023 no dejaba demasiado espacio para la interpretación: la WBA hablaba de «un solo campeón por división» y presentaba como avances las medidas destinadas a resolver las categorías pendientes. No era una crítica externa ni una exigencia de los aficionados (que también existía), sino un compromiso anunciado por la propia organización. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? Que la WBA sigue concediendo títulos regulares, interinos y de otras denominaciones, mientras sus decisiones generan nuevos conflictos sobre quién es realmente el campeón mundial.

Algunos combates ya oficialmente anunciados (daremos tres ejemplos) vuelven a ponerlo de manifiesto. El 12 de diciembre, Albert Ramírez (23-0, 19 KO), actual campeón interino del peso semipesado, se enfrentará al ruso Sharabutdin Ataev (10-0, 5 KO) por el título regular vacante. Ramírez puede pasar así de campeón interino a campeón regular de la misma organización, mientras Dmitry Bivol conserva la condición de supercampeón WBA, que para todos es el auténtico campeón, sin más. La pregunta es inevitable: si la prioridad consiste en reducir campeones, ¿Qué sentido tiene crear otra oportunidad para añadir un cinturón a una categoría que ya tiene un campeón reconocido por el organismo? Basura.

En el peso gallo masculino, Riku Masuda (11-1, 9 KO) y Seiya Tsutsumi (13-0-3, 8 KO) (que elevó una protesta pública contra la forma de hacer del estamento) disputarán el 29 de noviembre en Tokio el título regular en una revancha. Jesse «Bam» Rodríguez figura como supercampeón WBA, mientras Masuda posee el cinturón regular. Dos campeones de una misma organización en una división de 53,5 kg, con otro combate para determinar quién se queda con el título secundario. El aficionado tendrá que estudiar la jerarquía interna de la WBA antes de saber quién es el campeón al que debería reconocer (por suerte, en ESPABOX tenemos un muy serio «Cuadro de Campeones» con el campeón absoluto de cada división, aunque las triquiñuelas de la Asociación Mundial no lo ponen sencillo).

Y el peso mínimo tampoco se libra. Takeshi Ishii conquistó el título WBA regular el 2 de septiembre al noquear en el primer asalto a Wilfredo Méndez. Oscar Collazo continúa como supercampeón de la categoría, es decir, el número uno, el campeón mundial WBA sin apelativos, y peleará contra Zyvyr John Medecilo (9-0, 5 KO), por lo que la organización vuelve a tener dos «campeones mundiales» en el mismo peso. Ishii ganó de forma contundente y su mérito deportivo no está en discusión. Lo que sí merece una explicación es que la WBA siga generando campeonatos paralelos después de llevar años asegurando que quiere acabar con ellos. ¿Será porque están mal, pero muy mal, de dinero?

Estos choques son excelentes y serían mucho más serios si se les tratase como eliminatorias finales, puesto que, además, muchos periodistas o influencers cometen el error (o el interés, si son afines a los de Gilbertico Mendoza) de considerarlos títulos mundiales. Mañana hablaremos de la incursión perniciosa de la WBA también en el boxeo femenino.