Los estadounidenses Rolando «Rolly» Romero y Teófimo López se verán las caras este sábado en el T-Mobile Arena de Las Vegas, en la defensa del título de la WBA del peso wélter del primero, en una velada organizada por Premier Boxing Champions. Este combate, uno de los más destacados del verano, tendrá un toque especial porque los dos rivales son amigos, una situación que no es la primera vez que se da a lo largo de la historia del boxeo. Romero (17-2, 13 KO) intentó antes que boxear con López otras opciones, como cerrar una revancha con Ryan García, al que venció el año pasado, e intentó negociar combates ante Manny Pacquiao, Devin Haney y Conor Benn que nunca llegaron a materializarse. Tampoco quiso medirse a sus aspirantes oficiales, primero Shakhram Giyasov y luego a Jack Catterall. Al final, el camino del negocio le llevó hasta López. «Había tantas otras peleas que intentaba darle a los aficionados, pero Teófimo fue el único que de verdad no tenía miedo. Peleará con cualquiera. Lo mismo que yo: yo pelearé con cualquiera. ¿Elegí a Teófimo? No. Lo último que quería era ir a pelear con mi amigo. Es mi hermano pequeño. El enemigo es mi hermano pequeño y alguien a quien quiero muchísimo. Era el último de mi lista», declaró el campeón.

Romero atribuye parte de su estabilidad financiera al propio López, que en 2019 le prestó 5.000 dólares cuando aún no había hecho mucho dinero en el boxeo. Los dos han guanteado cuatro veces, hasta sumar 26 asaltos, la última vez en octubre de 2017. «Él tuvo sus momentos. Yo tuve los míos. El sparring es sparring. Una pelea es una pelea. Peleas en el gimnasio todo el tiempo, pero nunca he experimentado pelear con un amigo íntimo como este», reconoció Romero.

El púgil de origen cubano explicó que la larga inactividad que precedió a este combate fue, a su manera, necesaria. «Dios no comete errores. El retraso estaba destinado a ser. Necesitaba el retraso, necesitaba el tiempo libre. Tuve que renacer en Cristo, y lo hice. Tuve que morir a mí mismo, lo cual hice cuando renací en Cristo. Me mantenía ocupado entrenando por aburrimiento. ¿Qué más iba a hacer? ¿Estar en casa, no hacer nada, jugar a videojuegos y comer patatas fritas? Solo se puede estar de vacaciones, y el dinero no llega», afirmó.

Romero entiende el combate del sábado como una cita con la historia: «No peleo por dinero. Peleo por hacer historia. Vencer a Teófimo me pone en el Salón de la Fama. Creo que Teófimo ya está en el Salón de la Fama. Una pelea es una pelea, y me gustan los grandes combates. Soy un héroe local. Es el momento de representar a mi ciudad, y resulta que es contra López, que era el único que quedaba».

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