Darío Pérez
@ringsider2020

Esta pasada madrugada de sábado a domingo en España se disputó una cartelera organizada por No Limit Boxing y Premier Boxing Champions en el Afterpay Arena de Sidney (Australia), que prometía emociones fuertes cuando se anunció y acabó mutilada, aunque las plataformas organizadoras no tuvieron la consideración de eliminar su condición de pagar un extra por verla. Las bajas de Jermall Charlo, por sus sempiternos problemas personales y/o burocráticos, y de Stephen Fulton, que se presentó al pesaje rozando el límite de dos divisiones más de lo anunciado inicialmente, recortaron en altísima medida la proyección internacional del evento.

El combate principal era muy interesante porque se presentaba como una encrucijada para los dos protagonistas: la derrota llevaría cualquiera de ellos, excampeones del mundo y con aura de estrella hace unos años, a pensar en su carrera en distintos términos a los actuales. Y fue el australiano Tim Tszyu (26-3, 18 KO) quien se impuso al estadounidense Errol Spence Jr. (28-2, 22 KO), uno de los púgiles más destacados del panorama hace unos años, pero con demasiados aspectos que suscitaban serias dudas sobre cómo respondería a los 36 años.

Todo transcurrió como se esperaba entre dos veteranos con secuelas irreparables. Si sobre Spence ya hemos hablado de sus problemas de retina o su grave accidente automovilístico en los últimos años, más allá de la inactividad, Tszyu parecía destinado a reeditar las grandes noches y gestas de su padre, Kostya, cuando fue frenado de repente por una esquina, árbitro y doctor negligentes, al pelear durante más de la mitad de su primer choque ante Sebastián Fundora con un aparatosísimo corte; la sangre le manaba a chorros, literalmente, del cráneo, dificultándole la visión y tiñendo su rostro de rojo.

Por todos esos antecedentes, fue una contienda entre dos peleadores con daños pasados y gasolina limitada. Spence, en un peso donde ya no hace daño, buscó muchísima mayor actividad que Tszyu, pero las cifras de la imperfecta Compubox nos dan una idea de su eficacia: 2 jabs conectados de 136 intentados en los tres primeros rounds, dejando al Shaquille de los tiros libres en un virtuoso del acierto. El local lanzó menos en la primera mitad, consciente de que su depósito de combustible ya no es el que era, pero iba impactando mejor al texano, cuya defensa de ayer enrojecería al Spence de hace seis u ocho años.

Da la sensación de que Tszyu, muy agresivo en la previa con sus palabras, podría haber terminado la pelea, pero quizá por conservador sin querer forzar la máquina (como en alguna de sus últimas citas ante jornaleros) o porque, directamente, ya no tiene esa marcha más, se anotó los últimos rounds frente a quien tenía enfrente, la sombra del gran campeón Errol Spence Jr. Las cartulinas de doble 117-111 (acertada) y 118-110 a favor del australiano ponen el epílogo a la carrera del americano y dan a Tim una nueva oportunidad en el deporte. Seguirá, con buen criterio, en el actualmente poco competitivo peso medio, para intentar ser campeón en dos pesos aun con esa menor capacidad que en lo que ahora llaman su prime.