
Cuando Tyson Fury anunció que volvería a subirse al ring antes de su esperado combate con Anthony Joshua, muchos ya cuestionaron la elección de Mariusz Wach como rival. El veterano polaco, de 46 años, lleva tiempo lejos de la élite y acumula derrotas ante prácticamente todos los grandes nombres del peso pesado. Ahora, a pocos días de la velada, el evento ha dado un nuevo paso hacia lo inexplicable.
La organización ha confirmado un respaldo formado casi exclusivamente por promesas poco prestigiosas y boxeadores de escasa trayectoria internacional, sin ningún combate de relevancia que justifique el interés del aficionado. La cartelera incluirá el duelo Daniel Baer-Simon Ibekwe, además de las actuaciones de Michael Flannery, Lucas Dassios, Mark Ahondjo y Arlo Stephens, todos ellos frente a rivales aún por confirmar o con un perfil muy discreto.
Pero lo más llamativo ni siquiera será lo que ocurra sobre el ring. El combate no se retransmitirá en directo por televisión ni por ninguna plataforma de streaming. Fury ha decidido que la pelea quede reservada para la tercera temporada de su serie de Netflix «At Home with the Furys», de modo que los aficionados únicamente podrán conocer el resultado mediante crónicas y seguimientos en directo, mientras las imágenes completas llegarán semanas después.
El británico ha explicado que la velada tendrá un carácter benéfico y que la recaudación de las aproximadamente 1.500 entradas disponibles se destinará a una fundación que ayuda a niños desfavorecidos de Pattaya, en Tailandia. La iniciativa solidaria resulta encomiable, pero cuesta entender por qué eso impide ofrecer una retransmisión para millones de aficionados que llevan décadas siguiendo la carrera del excampeón mundial.
Todo ello llega apenas unos días después de la polémica generada por la posible pelea entre Fury y Anthony Joshua. Turki Alalshikh planteó que, si el combate se celebra en Wembley, el evento principal debería disputarse de madrugada para adaptarse al horario de máxima audiencia estadounidense, una propuesta que ya provocó un intenso debate entre los aficionados británicos.
Visto en conjunto, el panorama resulta difícil de vender. Un rival muy lejos de su mejor nivel, una cartelera secundaria sin apenas atractivo y una pelea que ni siquiera podrá verse en directo. Si el objetivo era mantener activo a Fury antes de Joshua, probablemente bastaba con un combate discreto. Convertirlo, además, en un evento inaccesible para el público termina de dar forma a una de las decisiones más extrañas de los últimos tiempos alrededor de una de las mayores estrellas del boxeo.





