@ringsider2020

Esta pasada madrugada hemos vivido una velada que la promotora Eye of the Tiger organizó en el Casino de Montreal, Canadá. En ella, como plato fuerte se ha disputado el título mundial IBF del peso supermedio, que estaba vacante.
Osleys Iglesias (15-0, 14 KO) completó su misión a sus 28 años y logra convertirse en campeón tras derrotar a Pavel Silyagin (16-1-1, 7 KO), un durísimo rival al que no se le pudo aplicar la medicina habitual del cubano. Desde el primer instante, el ruso salió de los tacos y se dispuso a correr una prueba de fondo, dando vueltas y vueltas alrededor del ring con las cuerdas a su espalda. Iglesias le fue buscando, sacando sus manos ya en el round inicial, pero sin precipitación ni la obsesión por el KO que muchas veces provocan errores en la estrategia.

Silyagin continuó con la misma tónica elusiva durante el primer tercio el pleito, buscando hacerse respetar con una pegada insuficiente para mantener lejos al insular. Este fue martilleando poco a poco la anatomía del caucásico, algo que se reflejaba de manera destacable en un ojo izquierdo con visible inflamación. Cada vez que el foráneo proponía algo para intentar zafarse del dominio, Iglesias respondía con un punto más de agresividad que le obligaba a retroceder, encontrándose sin muchas salidas a excepción de una mano suelta que le diera el triunfo. Así sucedía en el quinto parcial, por ejemplo, donde se ponía de manifiesto la evidente diferencia de fortaleza entre ambos. Ya por esta altura, el cubano cedía el centro del cuadrilátero a un oponente que necesitaba un milagro que no llegaba y seguía yéndose a la esquina con cinco o seis golpes muy contundentes en contra.

Los guantes utilizados por Osleys Iglesias

Así fuimos llegando a un punto donde ya no tenía sentido continuar: los impactos recibidos, la sensación de inferioridad, un ojo muy dolorido, abundante hemorragia nasal y la sensación de que tus mejores golpes no hacían mella en el adversario son una losa que te aplasta. Silyagin no salió a la llamada del noveno asalto, una decisión que tiene sentido pensando en poder continuar su carrera con salud. Iglesias, por su parte, le da a Eye of the Tiger su segundo campeón mundial supermedio tras Christian Mbilli por la vía WBC (en los despachos, para variar).  El sueño de su promotor, Camille Estephan, es que ambos unifiquen con otros rivales y, en el plazo de doce o dieciocho meses, se puedan jugar los cuatro cinturones de la categoría.

Como nota curiosa, al haber defendido el título menor IBO en la pelea, las entrevistas previas y posteriores de la promotora y plataforma DAZN trataban la pelea como «unificación mundial», algo totalmente alejado de la realidad que, entendiendo que a los empresarios les ayude a vender su producto, nosotros los periodistas tenemos que frenar. Seguimos en la época de los cuatro organismos mundiales (algo que ya es anómalo de por sí) y, hasta que esto cambie, los cinturones de dicha entidad y otras como Zuffa Boxing, la IBA y tantos estamentos residuales no pueden ser reconocidos oficialmente como campeonatos del mundo, igual que títulos interinos o regulares; al menos, por un medio serio y riguroso como ESPABOX, principalmente porque la organización IBO no es nada precisamente rigurosa y sus títulos los disputan púgiles clasificados a veces ni entre los cincuenta primeros de sus propias listas.

Osleys Iglesias, junto a Rafa Climent (Leone)