
@ringsider2020
Vergil Ortiz Jr. ha recurrido a la vía legal para intentar romper de una vez por todas lo que él considera un contrato que limita su carrera. El campeón interino del peso superwelter del WBC e invicto como peleador remunerado (24-0, 22 KO) ha presentado una demanda contra Golden Boy Promotions por incumplimiento de contrato y por interferencia con sus oportunidades económicas, dejando claro que ya no cree que la pelea que quiere (y que todos han pedido), ante Jaron Ennis, vaya a ocurrir mientras siga atado a la promotora de Óscar De La Hoya.
La demanda alega que Golden Boy no ha trabajado de buena fe para negociar acuerdos significativos con otros promotores, algo que, según el contrato, tenía la obligación de hacer, y que la falta de transparencia en las negociaciones ha perjudicado gravemente a Ortiz, tanto en términos de ingresos por bolsas en su papel como puro boxeador como en potenciales patrocinios y oportunidades de exposición internacional.
El caso gira en torno a dos elementos concretos y explosivos. El primero es la supuesta expiración del contrato entre Golden Boy y DAZN (de explotación audiovisual de las galas organizadas por la promotora) el 31 de diciembre pasado, algo que, según el equipo legal de Ortiz, liberaría automáticamente al boxeador del compromiso contractual si no se renueva con un nuevo acuerdo exclusivo o bien con otra plataforma. Golden Boy mantiene que sigue negociando extender su vínculo con DAZN para 2026 y 2027, pero los abogados del texano señalan que una simple intención de negociar no puede sostener la vigencia del acuerdo promocional bajo los términos del contrato. Además, el medio global está presionando a la empresa del legendario expúgil para cerrar el Ortiz-Ennis si quieren seguir vinculados, presionando a un De la Hoya que sigue tirando de la cuerda con sus extravagantes formas y cuestionable fondo habituales. Por si todo ello fuera poco, el Chico de Oro recriminó a Rick Mirigian, mánager del deportista, que este opinase sobre las negociaciones del eventual pleito ante Boots, un auténtico sinsentido.

El segundo punto clave, relacionado con el anterior, es la larga y frustrante historia de negociaciones con Matchroom Boxing, representante a nivel promocional de Jaron Ennis. Ortiz y su equipo esperaban con razones deportivas y comerciales claras cerrar ese combate que muchos consideran el más lógico y lucrativo en la división, especialmente después de que ambos contendientes mantuvieran rachas de victorias impresionantes en 2025: Ennis unificó coronas en el límite wélter demoliendo a otro invicto como Eimantas Stanionis y debutó como superwélter de un modo asombroso, mientras que Ortiz se deshizo de dos peces gordos como Israil Madrimov y Erickson Lubin, su último golpe sobre la mesa. Aun sin ser con un mundial en juego, es EL COMBATE en el límite de las 154 libras. Belts matter (los cinturones importan), dicen los organismos para reivindicarse, pero el nivel de los dos que comparten ensogado es lo que define la magnitud de un envite. De hecho, aseguraría a nuestros lectores que el día del combate ahí intentarían estar los cuatro principales de este deporte, del modo que fuese.
Sin embargo, según la demanda, Golden Boy habría negociado términos del combate con Matchroom y DAZN sin presentar a Ortiz los documentos ni permitirle firmar como parte, algo que, de confirmarse, constituiría una clara violación de las cláusulas que obligan a la promotora a ofrecer múltiples opciones de oponente y transparencia en cualquier oferta escrita relacionada con él. El texto de la demanda no se anda con medias tintas: además de alegar que Ortiz ha sufrido millones de dólares en pérdidas por bolsas y oportunidades debidas a la mala gestión de la promotora, describe la conducta de Golden Boy como “intencional, opresiva y despreciable”, argumentando que se justifica una compensación negativa y ejemplar que solo puede decidir un tribunal.
Y, si el argumento no fuera suficiente, hay un detalle todavía más paradójico: Óscar De La Hoya ha protagonizado en los últimos meses, como decíamos, una serie de explosiones públicas y ataques a rivales promotores y figuras del boxeo, incluida la implicación en negociaciones con Turki Alalshikh y la autoridad de entretenimiento saudí, que, según la demanda, habrían comprometido la capacidad de Ortiz de cerrar una pelea de máxima categoría. Hay que recordar que bajo la bandera del emisario asiático ya pelease nuestro protagonista el pasado mes de febrero, cobrando con toda probabilidad la bolsa más alta de su carrera.
Lo más irónico es que, mientras nosotros vemos este drama desde fuera, Golden Boy incluso está presionando por un reparto de bolsa del 60-40 a favor de Ortiz en el hipotético combate con Ennis, lo que evidencia por qué algunas partes pensaban que el choque iba a hacerse… hasta que las negociaciones descarrilaron, aparentemente por una mezcla de control excesivo sobre la carrera del púgil y la incapacidad de cerrar acuerdos transparentes con otros promotores. En otras palabras y mirando hacia atrás sin ira, que dirían los Gallagher, el modus operandi que De la Hoya ha practicado en los últimos años y que le ha valido conflictos e incluso la salida de sus principales estrellas, como Saúl Álvarez o Ryan García. Especialmente doloroso fue su final con Canelo, a quien había apadrinado desde su llegada a la cima del boxeo.

El punto de inflexión es brutal: un boxeador invicto de primer nivel siente que su promotora se ha convertido en un obstáculo más que en un aliado, que no ha cumplido sus compromisos contractuales ni ha sido honesta en las negociaciones que más le importaban… y decide, finalmente, llevar a su propia valedora a los tribunales. En un deporte donde a menudo se protege más a la marca y al poder de mercado que al talento, esto no solo es significativo para Ortiz: puede convertirse en un precedente para otros boxeadores atrapados en acuerdos largos y limitantes sin salida clara.
En definitiva, Vergil Ortiz ha dicho basta. No solo quiere la pelea que todos queremos ver, sino que ha decidido luchar por ella en los despachos, con la intención de recuperar el control de su carrera y empujar a Golden Boy a justificar cada paso que da. Y, si el tribunal le da la razón, por un lado será libre de marcharse y, casi tan importante, habrá enviado una advertencia clara a todas las empresas controladores de este negocio, a veces también deporte: no basta con prometer oportunidades, hay que cumplirlas.
Recordamos a nuestros lectores que, antes de su llegada a la cúspide del boxeo, Vergil Ortiz Jr. pasó en exclusiva por ESPABOX. Seguro que más de uno disfrutará recordando la entrevista, hace ya más de un lustro.






