@ringsider2020

Ya sabemos desde hace tiempo que el boxeo tiene un serio problema con el dopaje. El hecho de no tener un único encargado en esta materia, como sí sucede en la mayoría de los deportes, es una vía de escape para los tramposos. Hemos de hacer también hincapié en la doble vara de medir de muchos de los estamentos que regulan de manera parcial o local la materia. Por ejemplo, la agencia antidopaje de Reino Unido (UKAD) ha sido muy laxa cuando han surgido anomalías de boxeadores destacados de su país, como Conor Benn, aplicando sanciones ridículas o bajo cuerda, sin ser publicadas de manera oficial, pero siendo inflexible con los extranjeros, en un doble rasero vergonzoso. La credibilidad de la UKAD se erosiona cuando se muestra indulgente con boxeadores locales y rigurosa con los foráneos. La justicia antidopaje no puede ser patriótica.

Si seguimos tirando del hilo, más escandaloso es incluso algún episodio de muestras B, para la prueba de verificación, perdido en cajones de tierras británicas. Tampoco ha colaborado muchas veces algún organismo como el WBC, autoproclamado adalid contra las sustancias prohibidas… pero, como decía Orwell, aplicando un trato de igualdad curioso entre los positivos. Que se lo digan a otro protagonista reciente como Jaime Munguía.

Recordando que estamos ante un deporte de contacto y no se trata meramente de llegar primero a la meta, sino que se pone en juego la salud de otra persona, creemos que habría que ser especialmente duro con el dopaje en las disciplinas de golpeo, no aplicando excepciones ni permitiendo excusas apelando a la buena fe o el desconocimiento para los boxeadores que den positivo. Por ello, casos como los de Tyson Fury o Dillian Whyte, con varios capítulos relativos a sustancias ilegales en el deporte, parecen haber sido incluso olvidados por la memoria colectiva, en lugar de clamar por su definitiva retirada de la licencia.

El último de estos escándalos nos lo encontramos estos días en México. El excampeón mundial WBA pluma Mauricio Lara dio positivo, tras su revancha ante Leigh Wood, hace dos años en Reino Unido por betametasona, aunque tal hecho se comunicase ya en 2025 (otra anomalía del sistema, cómo y cuándo se notifican, porque se corre el riesgo de llegar al tétrico esperpento de sancionar a una persona fallecida y hacer un ridículo histórico). A Lara le ha sido impuesta una sanción retroactiva por la citada UKAD de dos años, hasta entrado 2026, como informábamos en ESPABOX. Sin embargo, el Bronco saldrá a la palestra en México este fin de semana en una velada de la promotora Bxstrs, algo totalmente censurable e impensable en otras disciplinas. Lara (28-3-2, 21 KO) se medirá al veteranísimo Mickey Román (71-14, 51 KO) este sábado en Ciudad Juárez. Volviendo al inicio del artículo, el hecho de que no sea una pelea regida por comisiones británicas hace que los organizadores ignoren los principios universales que deberían regir la limpieza del deporte. No se puede hablar de boxeo limpio mientras sanciones internacionales se ignoren por simple ubicación geográfica. Lara debería estar cumpliendo su castigo, no encabezando carteleras.

Un asunto tan importante, que pone potencialmente en peligro la salud de los deportistas, debería ser unificado en el mundo del boxeo y tener sanciones duras; así se evitaría que los púgiles crean que merece la pena arriesgar un año de carrera, o ni siquiera eso, para tomar sustancias que mejoren su rendimiento. Desde luego, casos como el de Lara socavan cualquier intento serio de prevención.