El futuro de Oleksandr Usyk se baraja entre tres opciones: la de cumplir con sus obligaciones como campeón, una vía que ni siquiera a los propios organismos parece interesarles por el menor impacto en forma de ingresos; boxear con nombres ascendentes como Moses Itauma; o subir al ring con hombres en declive pero que conservan un atractivo cartel. Esta última opción es la que más dinero generaría para Oleksandr Usyk, quien en la fase final de su carrera, ya piensa en el día después de su retirada. Después de percibir dos bolsas suculentas por sus combates con Tyson Fury, el ucraniano no quiere subir al cuadrilátero a cualquier precio.

En esa tesitura, solo le falta un nombre por añadir a sus palmarés. Con dos victorias en su cuenta particular sobre Anthony Joshua y Tyson Fury, Oleksandr Usyk señaló a Deontay Wilder como su próximo rival.

El duelo entre Usyk y Wilder se está negociando para que ocurra en 2026, en la que puede ser la última gran pelea del estadounidense. El excampeón mundial del WBC sufrió dos duras derrotas ante Joseph Parker en 2023 y Zhilei Zhang en 2024, precedidas por sendos reveses ante Tyson Fury.

Wilder se enfundó los guantes por última vez en junio, cuando ganó a Tyrrell Anthony Herndon en un combate ideado precisamente para dejar en su récord una victoria como resultado más reciente.

En Estados Unidos, faltos de una gran figura en el peso pesado, la pelea entre Usyk y Wilder tendría un enorme impacto, en un país que echa en falta épocas pasadas. A favor de Wilder está su pegada innata, así como su propósito de ofrecer una mejor versión después de cambiar de metodología de entrenamiento.

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