El estadounidense Keyshawn Davis ha decidido unirse a una tendencia creciente que puede cambiar el sistema del boxeo profesional. El que fuese medallista de plata en Tokio 2020 busca hacerse un hueco después de sus problemas con la báscula. Davis confirmó que se suma a la guerra contra los organismos internacionales (WBC, WBA, WBO e IBF) al anunciar que dejará de pagar las tasas de sanción correspondientes por disputar o defender títulos. Para Davis, que viene de ganar a Jamaine Ortiz el pasado 31 de enero, el sistema de cinturones  ya no le reporta beneficios. «No voy a pagar más tasas de sanción», afirmó Davis de manera tajante.«Siento que no vale la pena. Soy una superestrella y las superestrellas no necesitan cinturones, los cinturones necesitan a las superestrellas. Es una cuestión de principios», dijo el excampeón mundial.

La postura de Davis no es flor de un día, y es que cada vez más boxeadores consideran que pagar por títulos devaluados es perder un dinero que generan con su sacrificio. Los organismos ven cómo su cortijo empieza a desmoronarse con la irrupción de Zuffa Boxing, de la mano de Dana White, y el músculo financiero de Arabia Saudí. El modelo extraído de la UFC también tiene sus detractores y sus propios cinturones, las bolsas por el momento no son desorbitadas, pero los púgiles no pagan por combates de alto perfil entre 50.000 € y 200.000 € de la bolsa por un simple trámite burocrático.

Davis sigue la estela de su mentor y amigo, Terence «Bud» Crawford. El de Omaha ya marcó el camino al negarse a pagar las tasas del WBC para su pelea contra «Canelo» Álvarez. Esta rebelión se extiende entre los púgiles de élite. Shakur Stevenson, otro miembro del círculo de confianza de Crawford, ha tomado el mismo camino, priorizando su marca personal sobre las exigencias de unos organismos que a menudo parecen más agencias de recaudación que entes deportivos.