El estadounidense Gervonta Davis, más protagonista en los últimos años por sus problemas extradeportivos, ha dejado de ser el poseedor del título mundial WBA del peso ligero. El organismo le ha degradado a campeón en receso, algo que parece llegar muchos meses tarde ante las últimas actividades de Tank. Más allá de todos esas circunstancias ajenas al deporte, que le tienen pendiente todavía de algún juicio y arrastrando condenas de libertad condicional por, entre otras cosas, maltratar a su pareja, en lo boxístico la situación era insostenible. Incluso para un estamento tan poco consistente en sus decisiones como la Asociación Mundial, no tenía sentido mantener como campeón mundial a un púgil que iba a disputar un combate de exhibición contra Jake Paul en unas condiciones totalmente ajenas al pugilismo de competición, lo que nunca sucedió por su última causa legal.

La última pelea de Davis fue ya casi hace un año, en el mes de marzo, y tampoco estuvo exenta de polémica. El campeón superpluma WBA, Lamont Roach Jr., ascendía al peso ligero para retar al de Baltimore en un pleito donde vimos al peor Davis de su carrera, al que quizá le estaban haciendo mella tantos asuntos legales como se han ido produciendo antes y después del choque. Los jueces dieron como veredicto un empate mayoritario que casi todos vieron injustos para Roach, con circunstancias como una rodilla en tierra de Gervonta que el réferi no tuvo en cuenta, según el púgil por un problema de grasa capilar en su ojo. En cualquier caso, no fue el rendimiento óptimo del estadounidense, a quien se le considera casi unánimemente un gran talento malgastado por sus propias decisiones y la forma de llevarle la carrera de Floyd Mayweather y PBC, los gestores de la misma.

Es muy curioso que en un organismo como la WBA, donde proliferan como churros títulos regulares o interinos, en la categoría del ligero podría haber tenido sentido algún nombramiento así, dado el errático comportamiento del campeón; sin embargo, no lo hay. El primer clasificado es el estadounidense Floyd Schofield, seguido del canadiense Lucas Bahdi, ambos invictos. Tendría sentido que ambos se midieran para decretar quién se convierte en nuevo campeón, a la espera de si Gervonta Davis puede reinsertarse al boxeo  como desea y, lo que es más importante, a la sociedad.