
La gran sorpresa de las últimas horas en el boxeo mundial ha sido la firma de Jai Opetaia con Zuffa Boxing, la nueva promotora de Dana White, Turki Alalshikh y compañía, en lo que se presenta como el primer gran golpe de la organización encabezada por el presidente de UFC. Opetaia, invicto y actual campeón mundial crucero de la IBF y de The Ring (29-0, 23 KO), ha confirmado su acuerdo promocional con Zuffa junto a su promotora habitual, Tasman Fighters, en un movimiento que ha dejado más preguntas que respuestas sobre su futuro competitivo.
Opetaia tiene 30 años, un palmarés intachable y una trayectoria ascendente desde que conquistó el título mundial en 2022 al derrotar a Mairis Briedis por puntos. Tras ciertas acciones ilógicas de la IBF, recuperó el cinturón en 2024 tras otro triunfo sobre el letón. En 2025 siguió su racha de victorias, que sigue activa tras un KO en el octavo asalto el pasado diciembre sobre Huseyin Cinkara, reafirmando así que sigue siendo una fuerza dominante en la división crucero. Pese a ello, su ambición por unificar con los otros campeones del peso (con Gilberto “Zurdo” Ramírez ostentando los cinturones WBA y WBO y Noel Mikaelian con el de la WBC) nunca se ha materializado, en parte por falta de acuerdos y por la inactividad relativa de esos rivales.
La llegada de Opetaia a Zuffa Boxing supone, sobre el papel, un refuerzo inmediato de credibilidad para la promotora recién lanzada, que hasta ahora había reclutado boxeadores de menor renombre. Pero el movimiento es, cuando menos, curioso: Zuffa ha sido muy explícita en sus planes de crear un circuito propio, un sistema de títulos independiente de los cuatro organismos sancionadores tradicionales y con propuestas legislativas como la llamada Muhammad Ali Revival Act para reformar el boxeo desde lo estructural. Firmar a un campeón mundial activo que quiere unificaciones suena en principio contradictorio con una filosofía que aboga por dejar de lado las coronas establecidas.
Además, los términos concretos del acuerdo entre Opetaia y Zuffa no han sido hechos públicos, y todavía no se sabe si el australiano competirá de forma exclusiva bajo la bandera de Zuffa o si podrá seguir peleando por títulos de organismos como la IBF. Ese punto es clave, porque su ambición declarada de unificar el peso crucero requiere interactuar con esas entidades, algo que choca con la postura declarada de Zuffa de no trabajar con los organismos sancionadores habituales.
El hecho de que esta firma venga de la mano de una colaboración estratégica con Tasman Fighters, la promotora de Opetaia y de otros talentos australianos, sugiere que hay un acuerdo a mayor escala entre ambas partes. Esto podría no solo facilitar la presencia de Opetaia en Estados Unidos y otros mercados, sino también atraer más nombres de su entorno al proyecto de Zuffa, reforzando la idea de que no se trata de un fichaje aislado, sino del inicio de una alianza con visión de largo plazo.
La reacción en el boxeo ha sido un cruce de optimismo cauteloso y perplejidad. Hay quienes ven en Zuffa Boxing la oportunidad de sacudir el statu quo de la división crucero, ofreciendo a Opetaia la plataforma y los recursos que otros promotores no le han dado. Otros, en cambio, señalan que la estructura de Zuffa, sin reconocimientos claros de los organismos y con planes de títulos propios, podría alejar al campeón de sus metas de unificación, dejando su reinado mundial en un limbo artificial.






