Gervonta Davis

La WBA ha movido ficha, por fin, en el peso ligero y ordenó oficialmente el combate entre Gervonta Davis y Floyd Schofield, estableciendo un periodo de negociación de treinta días para que ambas partes alcancen un acuerdo. Si no lo hacen antes del 22 de junio, el organismo enviaría la pelea a subasta. La decisión llega después de meses de incertidumbre alrededor de Davis, cuya situación deportiva y legal había dejado completamente paralizada la categoría. El estadounidense no compite desde marzo de 2025, cuando empató de forma controvertida con Lamont Roach en un combate donde muchos aficionados consideraron que debió perder el cinturón. Los problemas legales de Davis han ayudado también a que el talentoso peleador se halle tanto tiempo en el dique seco.

La WBA justificó la orden (que ya llega bastante tarde, comparado con otros) recordando que los campeones, fuera del peso pesado, están obligados a defender el título cada nueve meses, plazo ampliamente superado en el caso de “Tank”. Además, el organismo señaló que sus propias reglas impiden al campeón disputar otro combate distinto frente al aspirante oficial una vez vencido ese periodo obligatorio. Eso complica bastante los planes que manejaba el entorno de Davis, donde se había hablado de una revancha frente a Isaac Cruz o incluso de un regreso más suave tras su larguísima inactividad y sus problemas extradeportivos. Ahora, el mensaje de la WBA parece claro: o pelea con Schofield o arriesga seriamente su situación como campeón.

En lo deportivo, el combate resulta bastante interesante pese a la diferencia de experiencia. Davis (30-0-1, 28 KO) sigue siendo uno de los boxeadores más talentosos y explosivos del mundo, pero lleva demasiado tiempo alejado del ring y cada vez existen más dudas sobre su motivación y continuidad real en el boxeo. Schofield (19-0, 13 KO), por su parte, representa una de las jóvenes promesas estadounidenses del peso ligero. Rápido, ofensivo y con bastante confianza en sí mismo, lleva tiempo pidiendo una gran oportunidad (incluso contra Davis) y ahora podría recibir directamente el mayor combate posible de su carrera. Eso sí, también llega con ciertas incógnitas tras el extraño episodio que provocó la cancelación de su pelea contra Shakur Stevenson en Arabia Saudí el año pasado.

La sensación general es que, si finalmente se realiza, sería una pelea mucho más competitiva de lo que habría parecido hace un par de años. Porque el talento de Davis sigue ahí, pero su carrera parece cada vez más atrapada entre inactividad, polémicas y la impresión constante de que podría estar desaprovechando parte de su mejor etapa.