Redacción ESPABOX

La afición humana por realizar pronósticos vinculados a competiciones no es una invención de las casas de apuestas. Antes de que los fastuosos casinos de Las Vegas acogiesen decenas de combates de récord, o que móvil en mano se pueda arriesgar dinero a las múltiples variables de una pelea, en las Olimpiadas de la antigua Grecia eran habituales las apuestas en los combates de pancracio. Los filósofos griegos consideraron que esta práctica era contraria a los principios éticos, y condenaron en sus obras que los ciudadanos se jugasen hasta sus preciados animales. Televisiones y plataformas mantienen su propia lucha para presumir de audiencias que pulverizan récords semana tras semana. Aunque los registros totales de la época son meras estimaciones, el combate que disputaron George Foreman y Muhammad Ali el 30 de octubre de 1974 en Kinshasa (Zaire), tuvo un seguimiento superior a nivel internacional al de las finales de la Copa Mundial de Fútbol o los Juegos Olímpicos de la década. Desde la promotora de Don King deslizaron que 1.000 millones (un billón anglosajón) de telespectadores siguieron la pelea, un número que representaba que un cuarto de la población de la Tierra vio el “The Rumble in the Jungle”, a pesar de que la televisión todavía no había llegado a todas las casas del mundo. Lo que es indiscutible es la trascendencia que tuvo el triunfo del autoproclamado como “el más grande”, que ocupó las portadas de los rotativos de los cinco continentes. Muhammad Ali fue la persona más famosa del mundo en los años setenta. Veintidós años, cuando el párkinson se apoderó de Ali y Foreman buscaba un nuevo título a las puertas de la cincuentena, la historia de dicho combate ganó un Óscar con el documental “Cuando éramos reyes”.

Muhammad Ali, sobre el ring en Zaire antes de enfrentarse a George Foreman.

El triunfo de Muhammad Ali en el octavo asalto para recuperar el trono de los pesos pesados, que cedió al negarse a combatir al Vietcong, dejó en evidencia a la inmensa mayoría de la prensa, que despreciaron el talento de Ali y quedaron embaucados por la pegada de Foreman. El tejano solo necesitó sumar cinco asaltos en total para arrebatar los cinturones a Joe Frazier, y defenderlos ante José Román y Ken Norton. Un corte en el ojo derecho de Foreman durante un sparring forzó al aplazamiento de la pelea, que debía disputarse originalmente el 24 de septiembre de 1974. Ese mes de espera adicional alimentó la expectación, y los vaticinios no se centraban en quién ganaría, ya que el triunfo de Foreman se daba como incuestionable, sino en la consideración de las lesiones que sufriría Ali. La diferencia de siete años de edad era a priori insalvable para el hombre que puso fin al denostado reinado de Sonny Liston diez años antes. La prensa estadounidense contó con comentarios médicos aterradores para cualquier púgil, menos para Muhammad Ali. “Pero, ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué estáis todos tan asustados? ¿Qué os ocurre?”, son las palabras que el de Louisville dirigió a su séquito en un vestuario con ambiente a funeral, como recogió Norman Mailer en su libro “El Combate”. Unos augurios compartidos por firmas reconocidas del noble arte como Jimmy Cannon o un popular partidario de Ali, como Howard Cosell, quien dijo: “¿Contra George Foreman? ¿Tan joven? ¿Tan fuerte? ¿Tan valiente? ¿Contra George Foreman?”.

“Pero, ¿qué pasa aquí? ¿Por qué estáis todos tan asustados? ¿Qué os ocurre?”

Los nombres convertidos en mitos que precedieron a George Foreman y Muhammad Ali fueron las opiniones más cotizadas por la prensa. La brutalidad del tejano recordaba a la de Jack Dempsey, que lógicamente apostó por el pegador: “No he visto mucho a Foreman, pero, sin verlo, me inclino por el pegador en cualquier pelea de los pesos pesados». La relación entre Joe Louis y Muhammad Ali estuvo marcada por varios desencuentros, y el de Detroit compartió el vaticinio de Dempsey: «Me gusta Foreman, es muy fuerte. Es difícil que no te guste, pega muy duro. Creo que lo noqueará”. La opinión más buscada era la del otro gran peso pesado de los setenta, Joe Frazier, quien comentó el combate desde ringisde para la televisión estadounidense, estaba más ocupado en cerrar un combate con el ganador. La animadversión de “Smokin´Joe” a Ali no cegó al de Filadelfia, que sabía que su antiguo rival guardaba demasiadas sorpresas, pero confiaba en el poder de su amigo Geroge Foreman.

En la dorada época de los Ali, Frazier, Foreman, Norton o Bonavena, un guipuzcoano que debutó como amateur a los 25 años apareció en la portada de la revista The Ring. José Manuel Ibar “Urtain” aprendió lo que era el boxeo a base de golpes, especialmente fuera del ring. La consecución del título de Europa del peso pesado sobre Peter Weiland disparó las opciones de Urtain para disputar el mundial ante Joe Frazier. Los reveses ante Henry Cooper y Goyo Peralta no frenaron la aventura americana del español, que concluyó con una única derrota ante José Román en Puerto Rico. El título pasó de las manos de “Smokin`Joe” a las de George Foreman el 22 de enero de 1973 en Kingston (Jamaica), pero el cambio de campeón no apagó el interés por Urtain al otro lado del Atlántico. “El Morrosko” inició el 1973 con mal pie, al lesionarse un tobillo al tropezar en las escaleras del Santiago Bernabéu. La palabra tongo acompañaba las crónicas de los combates del de Cestona, un término que permanecía impaciente en las gargantas de los asistentes a las noches de Urtain sobre el ring. Solo tres asaltos tardaron los presentes en el pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid en gritar “¡tongo, tongo!” el 1 de diciembre de 1972, cuando el excampeón de Europa derrotó a Vicente Paul Rondón. El venezolano venía de completar diez asaltos contra uno de los pegadores más violentos de la historia, el estadounidense Earnie Shavers.

Urtain y Muhammad Ali en Barcelona (1/8/1972).

George Gainford buscaba un oponente para la primera defensa de George Foreman, y contactó con el puertorriqueño Yamil Chade, representante de Urtain en el extranjero. La propuesta oficial llegó a manos del vasco, que consciente del riesgo y de que apenas tendría margen para entrenar, puso un alto precio a su derrota. Urtain se enrocó en 150.000 dólares como la bolsa que debían pagarle para que boxease con Foreman en Nueva York o Montreal. La propuesta inicial de Gainford era de 50.000 dólares, pero Chade consiguió que esta se elevase con el paso de los días. Urtain quería estirar el chicle, ya que también solicitó los derechos de televisión para España y varios pasajes de vuelo. Las negociaciones avanzaban, y Urtain organizó una fiesta con amigos como Pedro Carrasco, en la que debía ser su despedida de la vida social antes de marcharse a entrenar a Torrelodones. El respaldo de una televisión japonesa hizo que Foreman terminase por boxear con “King” Román en Tokio. Por los dos minutos que resistió ante “Big George”, Román percibió 100.000 dólares.

Yamil Chade y George Gainford no descartaron el Foreman vs. Urtain, y desde Estados Unidos esperaban que una buena suma de dinero llevase la pelea a Madrid. Durante el verano de 1973, varios empresarios extranjeros visitaron España para sondear las posibilidades de cerrar el combate, entre ellos Carlos Eleta, mánager de Roberto Durán y compositor de canciones como “Historia de un amor”. Sin compromisos deportivos, Urtain gastó y disfrutó del dinero ganado en su corta carrera durante el verano de 1973, antes de desaparecer de Madrid rumbo a Gerona, en busca de la tranquilidad perdida. “El Morrosko” volvió al gimnasio con nueve kilogramos más de su peso habitual. La privilegiada genética de los Ibar le permitió recuperar la forma en apenas unos días sin fumar y beber. El año acabó peor de lo que empezó para el boxeador más famoso de España, que durmió en los calabozos de la Vía Laietana de Barcelona al adeudar 1.335.000 pesetas al fisco por la compra de un Mercedes de segunda mano. El boxeador al que se le acusó de ser un montaje del franquismo, abandonó la Jefatura Superior de la Policía cuatro horas antes de que el calendario cambiase de año. Los principales promotores de España (Alberto Pons, Luis Bamala y José Luis Herrero) abonaron la cantidad que puso a Urtain en libertad. “El Morrosko” no recibió trato de favor alguno, pero su choque con el poder estaba por continuar. El asesinato de Luis Carrero Blanco conmocionó a España, y la prensa deportiva intentó captar la atención con especulaciones de amaño del combate entre Urtain y el mexicano Alfredo Ortiz. El propio “Mongol” desmintió las acusaciones procedentes de España. Herido en su orgullo, José Manuel Ibar concedió una extensa entrevista. Las declaraciones a Marca le salieron caras al “Morrosko”: la Federación Española de Boxeo le impuso una sanción de tres meses sin licencia y 50.000 pesetas de multa, que se redujeron a un mes y 20.000 pesetas. De vuelta al caserío para disfrutar del día de Reyes, Urtain atropelló a un peatón a las afueras de Tolosa.

«ganará Clay, que, si no es tan fuerte y brusco como Foreman, es más astuto y hábil.» (Urtain)

Tras superar una lesión en la mano derecha, el excampeón europeo reapareció en Barcelona con una victoria sobre Adriano Rosati. El vasco ya no noqueaba a sus rivales. Aun así, Luis Bamala organizó en Madrid una revancha con José Román. Los ocho asaltos concluyeron con un empate que no contentó a nadie. El interés por Urtain decaía, pero Yamil Chade seguía en contacto con el equipo de George Foreman a la espera de una oportunidad por el título mundial. “Big George” arrolló en dos asaltos a Ken Norton en Caracas el 26 de marzo de 1974. Televisión Española emitió el triunfo de Foreman después del Telediario, un horario poco habitual para el noble arte. Urtain sí se sentó delante de la pequeña pantalla para ver el combate. Siete meses antes de que Foreman y Ali se encontrasen en el ring de Kinshasa, “El Morrosko” realizó una predicción por la que fue tomado por un loco: “Lo vi y me pareció un hombre muy fuerte, pero no deja de ser eso: solo un hombre. Si me ofrecieran una pelea con cualquiera de ellos, yo estaría siempre dispuesto, pues entiendo que es un honor para cualquier púgil pelear con un campeón del mundo. Ahora bien, si pudiera escoger, lo haría con Foreman, pues, pese a que, como es sabido, es muy fornido y rudo, no tiene la habilidad y estupenda esgrima de Clay. Será muy difícil, pues, según parece, su siguiente pelea será con Cassius Clay. Si se pegan ganará Clay, que, si no es tan fuerte y brusco como Foreman, es más astuto y hábil. Creo que le ganará”. El de Cestona concluyó sin titubeos, para dejar claro que no rehuía boxear con el temido Foreman: «¿Y por qué no? Lo mismo le agarro un tortazo y le fundo los plomos, como él está haciendo con otros».

Para los medios españoles, Muhammad Ali seguía siendo Cassius Clay

Con ánimos renovados después de vencer a Jan Lubbers y Richard Dunn (futuro rival de Ali), Urtain tuvo un verano para olvidar que finiquitó para siempre cualquier opción de enfrentarse a George Foreman. En la Plaza de Toros de Valencia, al vasco le pasó factura su pobre preparación ante Rocky Campbell. El español acusó un golpe en las costillas, y abandonó al finalizar el quinto asalto. Foreman y Ali se encerraron para preparar el esperado combate, y Urtain siguió su ejemplo y prolongó su concentración en Torrelodones.

Sin estar recuperado, “El Morrosko” hizo caso omiso a los consejos del Dr. Francisco Massa, y aceptó boxear en el Campo del Gas con Alberto Lovell. El argentino notó los golpes de un Urtain que prefirió gustarse en lugar de cerrar la pelea. De nuevo, su mala forma física le jugó una mala pasada, y se encontró con una mano que lo noqueó en el tercer asalto. En España se empujó a Urtain a una retirada que tardó tres años más en producirse. El combate entre George Foreman y Muhammad Ali tuvo una cobertura especial en Televisión Española. Desde Prado del Rey se negoció para comprar los derechos. Para los medios españoles, Muhammad Ali seguía siendo Cassius Clay. Finalmente, Televisión Española programó la emisión del combate en diferido para el día siguiente, víspera del Día de Todos los Santos, a las 23:30 con los comentarios de Héctor Quiroga. El inseparable tongo de Urtain se había extendido a todo el boxeo. Las previas se centraron señalar un posible tongo por las elevadas cantidades de dinero que generaba una velada en África.

Estas dudas no decrecieron la expectación, y las redacciones de los periódicos esperaron para confeccionar sus portadas a la información de los teletipos. En AS, Fernando Vadillo mencionó los componentes políticos y religiosos del triunfo de Muhammad Ali, como la victoria de los antisistemas. El periodista alavés se explayó en el siguiente número de AS Color, en el que abordó el posible amaño: “Expertos en la materia sospechan, quizá movidos por una excesiva suspicacia, que el último gran combate del siglo no ha pasado de ser una simple pantomima, dirigida por los hombres del negocio pugilístico desde las mesas de sus despachos y representada por los dos pesos pesados más prestigiosos del mundo en el escenario acotado por las doce cuerdas. Pero estas no pasan de ser sencillas especulaciones en torno a una pelea cuyo desenlace no ofrece duda alguna de autenticidad. Si nos molestamos en estudiar las fotografías de la caída de George Foreman en el tapiz de Kinshasa, observaremos que el boxeador tejano dio con el rostro en el suelo, lo que significa que se hallaba inconsciente desde el momento de encajar el golpe decisivo. De otro modo, se hubiese protegido la cara con los guantes para amortiguar el dolor del choque con la lona. Que es, ni más ni menos, lo que acostumbran hacer todos aquellos que fingen un knockout desde que el boxeo es boxeo. Sin entrar ni salir en la cuestión del “tongo” -¿quién es capaz de conocer los secretos del subsuelo pugilístico?-, debemos proclamar que Cassius Clay fue superior a George Foreman en tres factores fundamentales: velocidad de movimientos, perfección técnica y potencia de pegada. La velocidad le permitió capear el temporal de las arremetidas encadenadas por su adversario. La técnica se apoyó para bloquear los impactos de este y la potencia le sirvió para obtener el triunfo por K.O.”.

La prensa española se desmarcó de la internacional con la insistencia en la acusación de tongo. José María Carrascal, enviado en Estados Unidos, dio la primera pincelada en Pueblo, que desarrolló César Augusto Palomino, crítico pugilístico, en la sección de deportes bajo un llamativo “Fingido o real, el Ali-Foreman, desconsolador espectáculo”. Palomino detalló sus suspicacias, para despreciar el posteriormente mitificado “rope-a-dope” de Ali: “Si consideramos honrada la pelea, en su más amplia expresión, hemos de ver en Ali un hombre totalmente acabado, sin reflejos ni reacciones, temeroso mucho más que en sus buenos tiempos, torpe en la defensa e incapaz de obtener todas y cada una de las ventajas que ofrecían un enemigo simple y cómodo en su inocencia agresiva. Estuvo total y absolutamente dominado en los ocho asaltos, y sometido de continuo a la presión, una amenaza que no fue más que eso, amenaza. El estampido final de su K.O. constituye el nudo de una discusión interminable. En cuanto a George Foreman, en este supuesto de campeonísimo, solo queda de él una estampa impresionante de pegador, sin el menor contenido técnico. Dominador del terreno y de la distancia, frente a un adversario estático —¿qué se hizo del “mariposeo de Ali?”—, fue incapaz de centrar y de precisar su ataque, limitándose a una presión alocada, en la que quemó energías y potencia, en una torpe persecución de un golpe imposible. Si el encuentro respondió a un convenio previo para exprimir hasta el límite la clásica gallina de los áureos huevos, la exhibición ofrecida no pudo resultar más falsa y empalagosa”.

La línea editorial del rotativo dirigido por Emilio Romero fue rota por Pedro Carrasco, quien encontró en el boxeo una salida para dejar de lado su romance con Rocío Jurado, que apareció pocos días antes: «No ha sido una pelea de un campeonato del mundo. Ha parecido más bien una pelea callejera. Para mí no ha habido tongo, el golpe de Clay se ha visto clarísimo y desde luego, si lo tenían arreglado lo han hecho de maravilla, aunque, repito, no creo que el combate estuviera amañado».