@ringsider2020

Anoche en el First Direct Arena de Leeds (Inglaterra), Boxxer organizó una gala que había quedado mutilada escandalosamente horas antes del pesaje, con la baja de varios boxeadores que sí estuvieron en el cara a cara del día anterior y que, una vez más con la compañía de Ben Shalom, nos recuerda el refrán «piensa mal y acertarás». Entre los envites que no se disputaron estuvo el teóricamente atractivo choque de semifondo entre Elliott Whale y Blair Cobbs.

Sí que se disputó el duelo estelar, la defensa del título británico, Commonwealth y europeo del peso supermedio por parte de Callum Simpson (18-1, 13 KO) ante Troy Williamson (22-4-1, 16 KO). Y vino con una más de tantas sorpresas como hemos vivido en el boxeo británico las últimas semanas, similar a la derrota de Frazer Clarke a manos de Jamie Tshikeva o la de Pat McCormack siendo noqueado por el underdog Conah Walker.

Williamson, a sus 34 años, noqueó al ascendente Simpson, una de las promesas del boxeo británico mejor consideradas por sus aficionados (tan proclives a sobrevalorar el potencial de los suyos, todo sea dicho) en el último lustro. El de Matchroom Boxing hizo sonreír a Eddie Hearn despojando a un púgil de su enemigo Shalom, resultado por el que pocos apostaban, pero que podía haber dejado entrever la última actuación de cada uno, algo que señalábamos en nuestra previa.

Simpson trató de dañar a su rival en los primeros asaltos, con cierto éxito en su objetivo, pero vio que Williamson era duro, por lo que prefirió intentar boxear en la media distancia, también al comprobar la malicia de las acometidas del aspirante, que lanzaba peligrosos crochés perdidos al aire de la noche inglesa. Sin embargo, con el paso de los rounds ese hueco entre ambos se iba reduciendo, ya fuera por demérito del campeón (cansancio o exceso de confianza) o por mérito del retador (buena preparación y experiencia para ir contraatacando); ambas, probablemente. Ello provocó que se desencadenase todo en el décimo episodio. Williamson culminó todo lo que había buscado atropellando a Simpson, derribándole varias veces e infligiéndole un castigo severo que ni el permisivo Lee Every ni la esquina del ya excampeón detuvieron a tiempo. Al cuarto derribo, con un púgil ya sin respuesta, por fin el réferi se percató de que otro conteo era inútil. Fue un desagradable final de los que, por no saber retirar a su pupilo ante un tercer hombre carnicero, el equipo y su inacción acortan la vida deportiva de su teóricamente protegido.

Gran victoria de Troy Williamson, que iba ligeramente por debajo en las tres cartulinas hasta ese décimo asalto y demuestra que, de no haber intentado dar un peso que probablemente perjudicaba su desempeño y le restaba fuerzas, podría haber llegado mucho más lejos en el boxeo mundial. A tiempo está, pues Simpson estaba postulado para asaltar algún título mundial supermedio de los cuatro que Terence Crawford deja vacantes. Desde luego, este guerrero se lo merece.