
Fernando Sanz
@fernandosanz.alba
El australiano Jai Opetaia volvió a ganar antes del límite, pero abandonó el ring con una sensación poco habitual en alguien que sigue sumando victorias. El campeón mundial IBF del peso crucero fue demoledor ante Huseyin Cinkara, al que derrotó en el octavo asalto después de encajar un duro golpe en el round. Opetaia fue muy crítico, a la par que honesto, en su análisis. La pelea terminó con el aspirante turco-alemán atendido por los servicios médicos tras quedar inmóvil sobre la lona. Cinkara recuperó la consciencia y fue trasladado al hospital. Según la información médica, Cinkara sufrió una contusión cerebral, una pequeña hemorragia intracraneal y una fractura de la vértebra C1, una de las áreas más delicadas de la columna cervical. Esta lesión ocurrió a raíz del potente zurdazo propinado por Opetaia, un golpe certero que dejó al retador inmovilizado en la lona, lo que llevó al árbitro Chris Flores a detener el combate de inmediato. Afortunadamente, Cinkara se recupera tras dos días en observación, principalmente por la hemorragia cerebral.
El campeón también sufrió las consecuencias de los golpes encajados, y horas después se supo que él también había salido tocado: una posible fractura en el hueso orbital, una lesión que podría aplazar sus planes de volver a pelear a comienzos de 2026. “Fui terrible. Sé que puedo boxear mucho mejor. Necesitaba esto, necesitaba que me pusieran los pies en la tierra. Me estaba acomodando y se notó”, dijo Opetaia.
Jai Opetaia explicó que, pese a haber preparado bien el combate, algo no funcionó sobre el cuadrilátero: “Mis piernas estaban muertas. Me estaban entrando golpes que no deberían entrar nunca. Debería haber boxeado con más movilidad, con mejor distancia, más ligero”.
Uno de los momentos clave llegó en el segundo asalto, cuando un derechazo de Cinkara hizo endebles sus piernas. El veterano aspirante no pudo mantener ese impulso inicial y acusó el castigo al cuerpo y el alto ritmo impuesto por Opetaia, que acabó por desgastarlo hasta el desenlace final. Para el campeón, sin embargo, los problemas vinieron desde el principio, fruto de errores propios y de un afán excesivo por buscar el golpe definitivo: “Quería arrancarle la cabeza en vez de hacer las cosas bien. Es cuestión de pies, de distancia. Sé exactamente qué tengo que corregir y me muero de ganas de volver al gimnasio. Voy a volver mejor, lo prometo”.
En la preparación del combate, Opetaia tuvo que lamentar la reciente muerte de Keri Fiu, uno de sus entrenadores: “Puede que todo eso haya influido. Ha sido una montaña rusa emocional. Ya he pasado por situaciones así antes y sé que se sale. Normalmente después de una victoria me relajaría, pero esta vez siento que no me lo he ganado. No ha sido una actuación digna de mí”.
Tras la victoria, Opetaia optó por desconectar. El australiano se fue a pescar con buenas noticias. La lesión en el hueso orbital no es tan grave como en un primer momento parecía, aunque tendrá que estar varias semanas alejado del gimnasio.
Un impacto que reabre el debate
La fractura de C1 de Cinkara, una lesión poco común pero potencialmente grave, requiere una atención exhaustiva y un seguimiento médico especializado. Su equipo aún no ha revelado el tiempo estimado de recuperación, aunque se anticipa un período prolongado y supervisado. Las autoridades médicas locales confirmaron que el boxeador permaneció bajo observación debido al riesgo neurológico asociado a este tipo de traumatismos.
Por su parte, Opetaia también sufrió afectaciones físicas. Recibió un golpe en el segundo asalto que lo desestabilizó y resultó con un corte debajo del ojo derecho, además de inflamación en ambos pómulos.
“Ambos están bastante lastimados”
Mick Francis, director ejecutivo de Tasman Fighters, defendió al campeón, señalando que el combate fue más exigente de lo previsto para ambos contendientes. «Cada vez que estos jóvenes se enfrentan, se entregan por completo. Ambos han sufrido un considerable desgaste», afirmó tras el evento. Francis añadió que Opetaia es muy autocrítico y que, a pesar de no haber mostrado su mejor versión, «es el boxeador más respetado a nivel mundial».
La actuación del australiano era fundamental para consolidar su posición como posible aspirante al título en el enfrentamiento entre David Benavídez (31-0, 25 KO) y Gilberto Ramírez 48-1, 30 KO) por los cinturones del peso crucero de la WBA y la WBO, pero la inquietud por el estado de su oponente ha eclipsado las consideraciones deportivas.
La atención principal se centra ahora en la salud de Cinkara.
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