Redacción ESPABOX

El campeón mundial superpluma WBA Lamont Roach (25-1-3, 10 KO) volvió a marcharse del cuadrilátero con la sensación de haber hecho lo suficiente para ganar. En el combate más atractivo de la velada organizada por Premier Boxing Champions en el Frost Bank Center de San Antonio (Estados Unidos), el estadounidense empató por decisión mayoritaria con Isaac “Pitbull” Cruz (28-3-2, 18 KO). En juego estaba un título WBC interino del peso superligero del mexicano, una corona secundaria, ya que el campeón es Subriel Matías, quien fue ratificado en la última convención del WBC. El puertorriqueño podrá exponer el título ante Dalton Smith, a pesar de un control antidopaje adverso.

Las tarjetas reflejaron la difícilmente explicable disparidad de criterios entre los jueces, con un 115-111 a favor de Cruz que chocó con las tarjetas de 113-113, insuficientes para dar la victoria a un Roach que, pese a una caída temprana, dominó con solvencia varios asaltos.

El combate supuso el debut de Roach en el peso superligero, después de enfrentarse a Gervonta Davis en el peso ligero. Roach se quedó sin la revancha de una pelea en la que el empate le supo a poco, y buscaba finalizar con buen sabor de boca ante el azteca.

Sin embargo, fue Cruz quien impuso el ritmo inicialmente, fiel a su estilo agresivo. El mexicano buscó acortar distancias y castigar con su pegada. Roach aceptó el intercambio, para la dicha de Cruz. Y fue la pegada de Cruz quien forzosamente le hizo reconsiderar su táctica.

La pelea cambió en el tercer asalto. La mano izquierda de Cruz impactó de lleno en la mandíbula de Roach y lo mandó a la lona. Aunque el estadounidense se recuperó con rapidez, el golpe de Cruz sobrevoló durante unos minutos la posibilidad de reaparecer. Porque como canta Leiva: «Sepa bien hasta el púgil más fiero, que en el box se ha prendido una luz, que provoca unos daños severos. La mordida del gran Pitbull Cruz».

A partir de ahí, Roach fue el púgil más fiero, por su superioridad técnica y especialmente por recobrar su inteligencia pugilística. El estadounidense mejoró su uso del contragolpe, trabajó con el jab y castigó a Cruz cada vez que este avanzaba de forma previsible. El combate entró en una fase menos vistosa, con numerosos agarres y constantes interrupciones, que terminaron por desesperar al público. Cruz fue advertido en varias ocasiones por golpes bajos y llegó a perder un punto por amonestación en el séptimo round.

Conforme la pelea se acercaba a su ecuador, Roach mostró su boxeo más completo. Cruz, frustrado por no poder encontrar soluciones, se quedó sin repuestas. El de Washington demostró una enorme capacidad de adaptación, pues en dos peleas ha pasado del peso superpluma al superligero sin que su rendimiento decrezca.

El undécimo asalto trajo un susto final para Roach, que recibió un duro golpe en los últimos segundos, aunque Cruz no tuvo tiempo para rematar. En el duodécimo, ambos lo intentaron, sin que ninguno lograra derribar a su oponente. Al sonar la campana, los dos levantaron los brazos convencidos de haber ganado. La lectura de las tarjetas volvió a dejar a Roach sin recompensa.

“Solo quiero un trato justo”, declaró visiblemente enfadado. “Estoy cansado de esto”. El boxeador estadounidense volvió a ofrecer una buena actuación, pero de nuevo se marchaba del ring sin la victoria. Cruz tampoco ocultó su malestar. “Hice mi trabajo. El árbitro estaba de su lado y los jueces también. Yo pensé que gané”, afirmó el mexicano.