
El dueño de la gran organización de artes marciales mixtas UFC, Dana White, ha insistido durante años que el boxeo es un deporte «roto» y que él es la persona capaz de arreglarlo, precedido por su éxito con la UFC. Junto a Netflix y Turki Alalshikh, White se estrenará este sábado con la organización del Saúl «Canelo» Álvarez vs. Terence Crawford, con las cuatro coronas del peso supermedio en juego, que están en poder del mexicano. El combate más mediático del año solo será el punto de inicio de un proyecto al que le está costando algo arrancar. White anunció que en 2026 lanzará un programa similar a su exitoso «Contender Series» de la UFC, pero trasladado al boxeo. Según él, su plan es simple: «Los mejores pelearán contra los mejores, los invictos contra los invictos».
En su planteamiento, White insiste en que los aficionados se preocuparán por todas las peleas de una velada: «Te importará la primera pelea de la noche, no solo el combate principal». Su principal escollo será el dinero, ya que en la UFC los luchadores aceptan bolsas inferiores a las que acostumbran a cobrar los boxeadores con cierto caché.
Por el momento, el mayor desafío para las ambiciones de White es la Reforma de la Ley Muhammad Ali, diseñada para proteger a los boxeadores de prácticas monopolísticas por parte de los promotores. Esta normativa impide que un solo promotor controle todos los aspectos del boxeo, algo que choca directamente con el modelo de negocio centralizado que White ha implementado con éxito en la UFC. Su equipo intentó impulsar una iniciativa para suavizar estas restricciones, pero la propuesta fue retirada tras la oposición de la Comisión Atlética de California. Por ahora, el sueño de White de convertir el boxeo en una especie de UFC 2.0 sigue bloqueado por esta ley.
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