
El campeón mundial Thomas Hearns, de 67 años, quedó bajo régimen de tutela y supervisión por orden de un tribunal. El juez Daniel O’Brien emitió el fallo tras un proceso iniciado en febrero, cuando el que el paradero del pugil era desconocido en el momento en que el caso fue presentado ante el tribunal. En virtud de la resolución, su hijo Ronald Hearns asume la responsabilidad sobre las decisiones médicas y económicas de uno de los deportistas más admirados de Detroit. El proceso se originó a raíz de acusaciones cruzadas entre distintos miembros de la familia del excampeón, que incluían alegaciones de intento de control sobre sus movimientos y uso de su figura con fines lucrativos. Algunos familiares fueron señalados por presunto secuestro. Durante las audiencias, el juez O’Brien se dirigió directamente a Natasha Barnes, hija del boxeador, para exigir información sobre su localización.
En el marco de la investigación se hizo referencia a la posibilidad de deterioro cognitivo. No obstante, Hearns compareció ante la cadena local WXYZ de Detroit para declarar que se encuentra en buen estado de salud. «Estoy bien. Quiero que el mundo sepa que estoy bien», afirmó. «Me siento bien. Solo quiero que las cosas estén tranquilas y avancen con normalidad», dijo Hearns.
Paralelamente, las autoridades mostraron recelos ante una campaña de recaudación de fondos en Internet, supuestamente vinculada a una hermana del exboxeador que no se presentó ante el tribunal. Así mismo, se informó de que la vivienda de Hearns fue objeto de una ejecución a causa de impuestos impagados, por lo que actualmente reside en el domicilio de su hijo Ronald.
«Hitman» Hearns fue uno de los mejores púgiles de los años ochenta, en los que batalló con Sugar Ray Leonard, Roberto Duran o Marvelous Marvin Hagler, con los que conformó el grupo de «los cuatros magníficos». El boxeador del gimnasio Kronk extendió su carrera profesional hasta el año 2006.





