Ryosuke Nishida

@ringsider2020

La Federación Internacional de Boxeo (IBF) ha ordenado el enfrentamiento entre el australiano Sam Goodman y el japonés Ryosuke Nishida por el título interino del peso supergallo, dando a ambas partes un plazo de 30 días para alcanzar un acuerdo antes de una posible subasta. Sobre el papel, se trata de una pelea muy atractiva entre dos hombres situados en la zona alta de una de las categorías más competitivas del boxeo mundial. Goodman, antiguo aspirante al campeonato indiscutido de Naoya Inoue, llega tras imponerse al mexicano Rodrigo Ruiz en una eliminatoria oficial, mientras que Nishida afronta una nueva etapa en las 122 libras después de haber sido campeón mundial del peso gallo y caer el pasado año en una unificación frente a Junto Nakatani.

La victoria colocaría al ganador en una posición privilegiada para aspirar a una futura oportunidad frente a Inoue, campeón indiscutido de la división y todavía referencia absoluta del peso supergallo. Sin embargo, la noticia deja también una reflexión interesante sobre la proliferación de cinturones secundarios en el boxeo actual. Durante años, la IBF había sido considerada el organismo más restrictivo en materia de títulos interinos, evitando en gran medida una práctica habitual en otras organizaciones. De hecho, uno de los argumentos más utilizados por sus defensores era precisamente la ausencia casi total de campeones interinos en sus categorías.

Por ello llama la atención esta decisión. Es cierto que Inoue tiene por delante otros compromisos y que una pelea entre los dos primeros clasificados aporta una solución deportiva razonable para mantener activa la división. También es verdad que Nishida y Goodman parecen contendientes legítimos para disputar una posición de privilegio. Pero no deja de ser otro cinturón interino más en un deporte que lleva años multiplicando títulos, campeones y situaciones difíciles de explicar al aficionado ocasional.

La diferencia respecto a otros casos es que aquí, al menos, el combate tiene bastante sentido. Nishida y Goodman son aspirantes reales, vienen de resultados importantes y el ganador podría terminar enfrentándose al mejor boxeador de la categoría. El problema no es tanto la pelea como la necesidad de crear una nueva faja para justificarla: habría sido más lógico con el deporte que simplemente estuviera en juego ser aspirante oficial para retar a Inoue por la IBF.

En cualquier caso, si el acuerdo llega a buen puerto, el boxeo puede encontrarse ante uno de los enfrentamientos más interesantes del segundo semestre en las 122 libras (55,300 kg). Y, en una división liderada por un fenómeno como Inoue, cualquier movimiento en la parte alta del ranking merece atención.

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